Al final recordé que lo que yo hago es escribir. Pasaron vientos y mareas de papel, llantos entre pinceles y malos tragos rodeado de carpetas. Al final, insisto, lo que yo tengo que hacer es escribir.
Es la eterna búsqueda del tema, del enfoque, de la mirada, de la aprobación. Es el ojo plural que se posa en las palabras desnudas que escupimos y les da el valor que les corresponde.
Se puede pensar que se es bueno para otras cosas: para la matemática, para el márketing, para la oratoria y la enseñanza o para todo. Pero se entiende, si se es escritor con las mismas venas, que en todo momento, una pequeña parte de nuestra voluntad, muy chiquitita, va armando la historia y va pensando figuras literarias para que el texto quede prolijo.
Uno va escribiendo bocetos en la cabeza en pleno acto. Porque lo que yo hago es vivir, y vivo para escribir esa vida. Miren si será estúpido el escritor vocacional, que hará cosas que nunca haría simplemente para poder narrarlas después, o simplemente estar en calidad de decir "si quiero lo escribo". Es capaz, este escritor sanguíneo, de vivir de verdad como nadie más se atrevería, por el estúpido y milagroso hecho del estar habilitado (por su propia moral) de poder contarlo.
Ya el instinto escéptico ( el mismo que tanto nos dificulta reconocer los buenos trabajos de gente a la que uno considera un "par), nos indica que aquí hay algo mal. Que no se vive bien si se hace porque queremos contarlo. Que tendría que ser por la propia intención de lograrlo. Pero el escritor lo que hace es escribir sobre aquello que vivió, muchas veces sólo para escribir sobre ello. Démosle el crédito que se merece, porque la vida merece ser vivida, pero vivirla por el mero hecho de vivirla es algo por demás complicado. De ahí el famoso dilema existencial del sentido de la vida. No va al caso, retomemos.
A veces sucede a la inversa. Quizás, el deseo de escribir surja como la curiosidad de haber escrito algo impulsado por otra experiencia. Por ejemplo: puede ser que por haber comido una manzana, reconozca la templanza y textura de la sólida y a la vez frágil roca de algún paraje desolado. Quizás lo dulce me retraiga a grandes kilómetros de tulipanes irregulares, alfombra del cielo de toalla lejano. Es entonces cuando me pregunto: ¿Se parecerá realmente la manzana a una roca de un paraje desolado? ¿Existirán concentraciones de tulipanes mayores que los ramillos oportunos de una compacta señora hincha de Argentino Jrs.? ¿Se puede secar uno en el cielo? Es ahí donde nos movemos. Donde se mueven los escritores de fuego.
También pasa que nos alejamos del texto. Que no escribimos y nos olvidamos que ése es nuestro GNC de vida. Caro al principio y siempre ocupando un lugar que debería saciarse de otra manera, pero a lo largo de los años nos ahorra muchas desgracias y engrandece otros momentos. Pasados los años, sin darnos cuenta, nos desgasta más que el resto y nos empuja a rellenar nuestras horas de ocio con el diesel barato de la senilidad.
Nos vuelve una especie de cínicos inconscientes. Amamos y hablamos para escribir. Odiamos para redactar. Decimos que no hacemos las cosas para escribirlas, para engrandecer ese futuro pasaje de nuestro escrito. Creemos en otras personas por el simple hecho de necesitar un narrador inmerso. Nos volvemos una segunda persona, apenas si alejada, que va registrando todo en un bloc de notas rasposo. No somos pesimistas, somos Croniscistas.
Algunas gentes los mirarán con desdén. Los que no son vulnerables a estos ahora cuatro (seis en el caso de miopía) ojos, nos mirarán con preocupación y en el mejor de los casos con pena. Existen casos de fascinación, pero suelen ser por que los otros también son Croniscistas que pueden, o no, haber admitido su pequeño escribano interno. Pero más allá de cómo miren a ese ser demasiado curioso para ser un niño y demasiado distraido para ser un senador, siempre tendrán el temor de la palabra.
Porque la palabra es una bandera atroz, tramposa y ridícula que es tan necesaria como obtusa. Y con ella, los Croniscistas medimos nuestra vida.
Nadie puede seguir su vida como si nada si un Croniscista lo mira directo a los ojos. Ni siquiera Diego Torres.
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viernes, 8 de junio de 2012

domingo, 20 de mayo de 2012
La Nueva Lectura Online
La realidad sorprende estos años con un fenómeno que, si bien no abarca a todo el planeta, reúne a una gran parte de la población mundial: Internet. Ésta red que interconecta información libre y de maneras gratuitas, sin restricciones para la mayoría de los paises, trajo varias dudas a los paradigmas clásicos y modernos de la literatura y el academicismo. Entre ellos encontramos el de la lectura y la necesidad de rever las características de la misma.
La estructura de los textos, de los contenidos y del fin que se persigue con ellos toma un rumbo inédito. La lectura, desde los tipos móviles de Gutenberg, fue limitada y paga. Era por entonces celosamente guardada y filtrada por las monarquías y las iglesias. Con el pasar de los años las nuevas gacetillas buscaron ampliar la masa de lectores, sin embargo, la información seguía teniendo un tope delimitado y una periodicidad. Cabe mencionar también los altísimos porcentajes de analfabetos de la época. Hasta entonces los formatos eran costosos de reproducir y sufrían cambios para su mejor venta o impresión. Nos es obvio, a su vez, que comenzaban por la tapa y terminaban por la contra tapa. Ni más, ni menos.
Terminando la guerra fría internet sale a la luz, aunque sin trascendencia inmediata. Es visto por profesionales como una serie de datos que viajan de un punto a otro en formas cifradas, en código binario. A medida que los hogares comienzan a manejar las conexiones dial-up, y los padres comienzan a dejar a sus hijos utilizar el internet más allá de los amenazantes virus, esa visión mecánica y utilitarista comienza a perder fuerza. En el 2011 ya podemos afirmar que hay jóvenes adultos que se criaron desde muy pequeños con internet en sus hogares y tienen una cultura adecuada al medio.
Hoy en día, la Web es utilizada para casi todas las actividades que incluyan la comunicación: el periodismo, el cine, la música y la literatura como algunos ejemplos. Por esta razón la población mundial con acceso a un aparato con conexión se vio obligada a formar parte: incluso el núcleo duro de apáticos a las tecnologías tiene un correo electrónico o recurre a algún buscador online para adquirir información. En éste ensayo se intentará analizar uno de los cambios particulares de este medio, el cual ha traído consigo oportunidades antes imposibles y una nueva cultura: ¿Qué significa leer por internet?
La tendencia general a la palabra “Lectura” nos lleva a pensar en libros completos, apuntes, o medios gráficos. El espectro de las nuevas lecturas en línea es más amplio y a la vez más reducido. Es más amplio en lo que a cantidad de información y opciones respecta: la cantidad de páginas web es prácticamente imposible de dimensionar y mucho menos lo es el contenido dentro de ellas. Aún así, el acceso es facilitado por una serie de buscadores entre los que resaltan Google, Yahoo!, entre otros. Es más acotado, por otro lado, en cuanto a la atención o la cantidad de información se toma como relevante. El problema principal de los usuarios del actual Internet no es la disponibilidad de información, sino el orden de la misma y la selección de aquello que se busca o requiere. Se tiene mucha información, pero hay que encontrar la que se busca.
La lectura en línea es permanente y veloz. Puede juzgarse, a su vez, como superficial: es una búsqueda constante y esporádica. Es también objeto de análisis la preferencia de la lectura en papel. En general, las personas de uso seguido de internet no dudarían en elegir la impresión a la hora de leer un libro o estudiar un texto intensivamente. Este ensayo pretende, también, demostrar que es erróneo catalogar la nueva lectura como un efecto negativo o una deformación de la comunicación escrita. Simplemente persigue otros fines, complementarios con la “Lectura” tradicionalmente conceptualizada. El fin de la lectura en línea no es informar, transmitir ideas ni generar sentimientos: el fin es acercarnos a los textos que sí lo hacen y también a los autores y críticos de ellos. Mediante foros temáticos, redes sociales, páginas dedicadas o inclusive video blogs en páginas como YouTube o Vimeo, podemos conectarnos a la información deseada. Inclusive, es posible tomar contacto con escritores, críticos, directores o simples lectores con otras perspectivas: todo mediante Twitter, Tumblr o Facebook en menor medida. Todas medidas que enriquecen la lectura y la comprensión de la información.
Ésta nueva modalidad también aporta a lo que rodea al texto: se puede conocer a los autores desde distintos puntos de vista, se puede entender un contexto mediante páginas informativas o enciclopédicas, como Wikipedia, concluyendo en una ubicación más integral de lo que se está leyendo. Es fácil entender qué, cómo y por qué la información está donde está y fue escrita como lo fue. Todo gracias a una lectura fugaz en internet. No es raro que el lector descubra temas de interés, que luego podrá estudiar más exhaustivamente y llegar a leer en cualquier plataforma.
Otra contribución de la lectura y escritura on-line es la falta de modificaciones ajenas en el material. Son conocidas la tergiversación de información y las erróneas interpretaciones de los textos en sus distintas ediciones o traducciones. También las correcciones que puede sufrir el escrito a la hora de ser editado para la impresión alteran el contenido, esencial en algunos casos. (Para ejemplos, tipear “Error en la traducción” en el recuadro de búsqueda de www.Google.com). El texto que se presenta en línea está directamente relacionado con el interés de quién allí lo expone y, en los casos de ser publicados por su autor, no busca otro objeto sino el que le asignase a la hora de escribirlo. Éste fenómeno es más visible en los blogs personales o las redes sociales.
Como toda herramienta de conocimiento, los usuarios deben tener una actitud razonable frente a la información. Reconociendo la infinidad de autores es casi inevitable instar a la mirada crítica de todo aquello que se presenta en la computadora. Si bien en los primeros años de formación académica, como la primaria o la secundaria, las personas no diferencian y discriminan la información, la adquisición del hábito se consigue fácilmente con la experiencia. Una idea saludable para la modernización de las instituciones puede ser enseñar métodos de búsqueda y reconocimiento crítico en internet.
Como reacción a las nuevas formas de lectura y escritura, surgen una serie de mitos y supersticiones sobre el fenómeno, en manos de aquellos que las desconocen. La degradación del lenguaje y la adquisición de información errónea son los ejemplos más mencionados por docentes reacios a las nuevas tecnologías. No es falso el hecho de el uso del idioma abreviado o diferente con el fin de agilizar la escritura, sin embargo, hablar de una deformación del lenguaje o de el establecimiento de una forma de escritura errada en todos los ámbitos es, sin duda, una idea exagerada. Como los registros formales e informales, y las variaciones de los mismos, el registro virtual se adecúa a las necesidades del medio y siempre se es consciente de su uso. Con normalidad, cualquier usuario que escriba puede variar entre esos registros y dejar de lado las abreviaciones y las expresiones virtuales para retomar el idioma tal y como se le fue enseñado. La utilización de información errónea o de fuentes desconfiables tampoco es un dato falso, pero también es exagerado y omitiría el verdadero motivo por el que sucede. Como se ha mencionado anteriormente, la multiplicidad y facilidad con la cual es posible publicar información puede traer consigo la existencia de datos escritos con poco fundamento histórico o real. Es aquí donde ingresa el deber del usuario: seleccionar la información y reconocer aquella que está incompleta o no responde a lo que busca. Es posible, además, que la información muchas veces no sea errónea, sino que su subjetividad no responda a la del lector. En ese caso, la información sería deshecha siendo quizá tan o más real que la que se intenta explicar. Aunque no se pueda comprobar que la información siempre sea real, afirmar que sólo por ser extraída de internet es falsa, errónea o incompleta es falso. Es posible que sea un estereotipo heredado desde la idea de que quién tiene la cultura y la educación, además de los medios económicos, para constituir un libro o enciclopedia es más confiable que alguien que la construye bajo sus propios méritos y estudios de accesos baratos o gratuitos: subestimación que amerita un ensayo aparte.
Concluyendo, la lectura online es una técnica actual que se diferencia ampliamente de la “lectura” en el concepto tradicional de libro o prensa. Éste método es una búsqueda y selección permanente de información que tiende a extender el área de lectura de los usuarios, a la vez que les facilita la tarea de encontrar aquello que precisan. Si bien los textos impresos ocupan hoy la preferencia en lo que se refiere a libros o apuntes catedráticos, el medio en línea de rastreo y expansión del conocimiento no tanto específico, sino integral, es una herramienta más que enriquecedora. Adquiridas las competencias para un uso crítico y superados los prejuicios de su carácter no convencional, Internet es uno de los hitos que definirá, en un futuro cercano, la cultura y la educación mundial. Queda en las instituciones de turno el deber de reconocer el medio como uno de los más enriquecedores, y, en pos de ello, generar políticas y programas educativos que admiren el uso de Internet como se reconoce a los libros o a cualquier otro tipo de comunicación. Una correcta conceptualización de la problemática virtual y sus soluciones, puede brindar oportunidades casi ilimitadas en lo social y cultural. Hoy saber leer no es simplemente reconocer los símbolos, sino entender aquello que rodea al significado. La lectura online es, para éste ensayo, el hecho más grande de expresión y acceso a distintos niveles de información, y, junto a su aporte de acercamiento lector-escritor, representan la reestructuración de la lengua escrita.
Ponencia en un congreso del CILE en la Facultad de Comunicación Social de la UNLP, 2011
Bruno Martínez

domingo, 6 de mayo de 2012
Tríada Malhechora
Son dos voces las que oigo.
Una es la dulce, la que me dice que es preciso detenerse y razonar. Que la vida vale más que mil palabras y que la última de todas nunca va a ser mejor que la primera. Que me relaje, que observe soñoliento la vida pasar, y que ni siquiera en las últimas pestañas del sol encuentre un apuro. Pero la otra es más fuerte, pero más suave.
La otra me dice que mis ojos están cerrados. Se pregunta sin creerlo por qué aún no soy un ave. Por qué, se preguntará la voz fuerte, por qué el mundo sigue tranquilo sin mi voluntad volcada del vaso. Me increpa. Me dice que la otra voz es falible, que la otra voz no entiende de razones y que nunca ha logrado nada. Ninguna de las dos lo ha hecho: la única que logra cosas es mi voluntad.
Ah! cómo se pelean por mi voluntad las voces. Cómo me quieren convencer a mí, intermediario entre las tres, para poner a trabajar a mi voluntad. Ella, motor tranquilo y expectante de mí. Y yo, tan indeciso, no escuchando a nadie y tapando mis oídos con música y voces de otras personas. Oscureciendo mi vista con voluntades ajenas brillantes, hasta relampagueantes.
Y yo a quién le voy a explicar lo de mis voces. Si la locura hoy no se entiende, y la coherencia se esquiva, quién va a entender que no soy yo ni ello, sino una linea recta entre dos objetos que se odian, y otro que no entiende su papel en todo eso? A quién le cuento que necesito saber cómo saber, y que no puedo actuar si no sé para donde actuar? Intento, pero nunca funciona. La gente le tiene miedo a lo desconocido. La gente grande, porque los niños a lo único que temen es a los miedos que les inyectan. Los niños son curiosos porque son recipientes puros de bravura vulnerable. Se enfrentarían al mismo dios si no les dijeran que no pueden contra él. Y cuánto podrían, si los imbéciles de los adultos nos calláramos!. Cuánto podría un niño si un adulto no tuviera que meterse en su camino, con sus mil frustraciones y peleas, para arruinarlo. Y así fabricamos más destruyedioses.
Pero así es la vida. Así, escrita. Donde no hay más que hablar de lo que ya se ha hablado, y las voces que siguen peleandosé por mi voluntad, mermada esta última por la necesidad de escribir.
Y las letras escritas como mi mensaje indirecto a las voces para decirles que se callen porque, con tanto ruido, no se puede ser niño.
Una es la dulce, la que me dice que es preciso detenerse y razonar. Que la vida vale más que mil palabras y que la última de todas nunca va a ser mejor que la primera. Que me relaje, que observe soñoliento la vida pasar, y que ni siquiera en las últimas pestañas del sol encuentre un apuro. Pero la otra es más fuerte, pero más suave.
La otra me dice que mis ojos están cerrados. Se pregunta sin creerlo por qué aún no soy un ave. Por qué, se preguntará la voz fuerte, por qué el mundo sigue tranquilo sin mi voluntad volcada del vaso. Me increpa. Me dice que la otra voz es falible, que la otra voz no entiende de razones y que nunca ha logrado nada. Ninguna de las dos lo ha hecho: la única que logra cosas es mi voluntad.
Ah! cómo se pelean por mi voluntad las voces. Cómo me quieren convencer a mí, intermediario entre las tres, para poner a trabajar a mi voluntad. Ella, motor tranquilo y expectante de mí. Y yo, tan indeciso, no escuchando a nadie y tapando mis oídos con música y voces de otras personas. Oscureciendo mi vista con voluntades ajenas brillantes, hasta relampagueantes.
Y yo a quién le voy a explicar lo de mis voces. Si la locura hoy no se entiende, y la coherencia se esquiva, quién va a entender que no soy yo ni ello, sino una linea recta entre dos objetos que se odian, y otro que no entiende su papel en todo eso? A quién le cuento que necesito saber cómo saber, y que no puedo actuar si no sé para donde actuar? Intento, pero nunca funciona. La gente le tiene miedo a lo desconocido. La gente grande, porque los niños a lo único que temen es a los miedos que les inyectan. Los niños son curiosos porque son recipientes puros de bravura vulnerable. Se enfrentarían al mismo dios si no les dijeran que no pueden contra él. Y cuánto podrían, si los imbéciles de los adultos nos calláramos!. Cuánto podría un niño si un adulto no tuviera que meterse en su camino, con sus mil frustraciones y peleas, para arruinarlo. Y así fabricamos más destruyedioses.
Pero así es la vida. Así, escrita. Donde no hay más que hablar de lo que ya se ha hablado, y las voces que siguen peleandosé por mi voluntad, mermada esta última por la necesidad de escribir.
Y las letras escritas como mi mensaje indirecto a las voces para decirles que se callen porque, con tanto ruido, no se puede ser niño.

sábado, 7 de abril de 2012
Mongomery
"Un delicado saco de paño de cola de camello que busca fundir la elegancia con el confort. Diseñado en las tiendas mas profesionales del Soho londinense. Estos abrigos que simulan a los mongomery de principios del siglo XX buscan vestir con esbeltez a quien sienta a su gusto el look ingles victoriano, un clásico que ha trascendido las épocas, mantienen los récords en premios europeos de diseño y confección de moda. En esta foto podemos observar a Sir Williams tomar el te en la Royal Tea House, a metros del Buckinham Palace, en su sencillo pero siempre fino saco de paño verde inglés. Paga la cuenta y se prepara para un arduo día de trabajo en la City de Londres, donde lo aguarda un estresante día de labor, en la bolsa de Londres. Pero no son solo los hombres quienes pueden lucir esta prenda lujosa y a la vez accesible: aquí vemos una foto de la princesa Kate atravesando el Ivory Bridge con su mongomery de tela rojo ladrillo, mientras saluda a la cámara con su sensual sonrisa. Son años dorados para esta prenda que oscila entre lo moderno y lo tradicional, ajustado a la cintura con glamour pero sin alcanzar a ser una vestimenta cargada. Un excelente ejemplo de la cuota sabia entre sencillez y estética, entre lo antiguo y lo moderno. Todas cualidades equilibradas que el, o la, londinense actual busca en su quehacer diario y en la vida cotidiana urbana"
'Fabe, ¿Que haces?' 'Estaba leyendo esta revista...' dijo el niño bajando la cabeza.
'Bueno ¿y a que esperas? Hay mucho trabajo y tenemos que estar en casa para recibir a tu padre. Sabes como se pone cuando no estamos para recibirlo. ¿Como se pone?'
'Muy triste' responde Fabé de memoria, a la vez que tira la revista al montón. Las gaviotas, por el estruendo, se alejan volando.
Los cacareos y graznidos continúan en el basurero. Mucha moda se recicla ese día, en algún paraje desolado de la savanna nigeriana.
'Fabe, ¿Que haces?' 'Estaba leyendo esta revista...' dijo el niño bajando la cabeza.
'Bueno ¿y a que esperas? Hay mucho trabajo y tenemos que estar en casa para recibir a tu padre. Sabes como se pone cuando no estamos para recibirlo. ¿Como se pone?'
'Muy triste' responde Fabé de memoria, a la vez que tira la revista al montón. Las gaviotas, por el estruendo, se alejan volando.
Los cacareos y graznidos continúan en el basurero. Mucha moda se recicla ese día, en algún paraje desolado de la savanna nigeriana.

jueves, 5 de abril de 2012
¿Por qué nos gusta viajar?
Siempre es entretenido elaborar teorías sobre misterios ( o certezas ) que no se quien reconocer. Mas que entretenido, es una parte de la sed de categorizar todo. Las situaciones me ponen a pensar:
¿Por qué nos gusta tanto viajar?
Quizás peque de iluso diciendo que a TODOS les gusta, sin embargo, presumiré que quienes me leen, por ese algo profundo que nos une tan invisiblemente, lo aprecian tanto como yo.
Viajar nos estimula, nos enriquece, nos llama la atención, nos despierta, nos distrae de los problemas y nos lleva a momentos pasados que no conocemos y que, mucho menos, hemos vivido. Básicamente, viajar nos obliga a apagar la costumbre, a cambiar los anteojos grises con los que vemos nuestro hogar y que son tan inútiles para ver otros lugares. Nos obliga a ver con curiosidad a las personas, a adivinar las 7 diferencias entre un francés y un colombiano, un juego de un rosarino, una porteña de una catalana. Nos obliga a probar nuevas comidas, a concentrarse en los aromas, en oír la música en los caminos o a preguntarse qué diantres te intenta de decir el marroquí que le esta poniendo nutella a tu panqueque gigante, y por que carancho le dicen crepe.
Perdonen si pienso demasiado, pero todo eso significa, de una manera un tanto rebuscada, el volver a ser un niño. Es reconcentrarse en la sentidos y agudizarlos, detenerse en cada detalle, y que el tiempo pase lento. Grabar en la memoria, aprender, charlar, reirte, sorprenderse de uno mismo, moverse. Reconocer cuando uno esta en su hogar, o en el de otro.
El mero hecho de no saber las reglas, de tener que observar como se maneja otra persona para imitarla, no es alejado a aprender a caminar o a limpiarse después del baño. En la psicología se enuncian varias pautas o estratos de socialización. Es ese momento o grupo con quienes tomamos contacto y formamos nuestra personalidad: la familia primero, la escuela después y el trabajo al ultimo. Considero ya, a esta altura (poca) de la vida, que conocer otras culturas es otra de esas socializaciones. Entender la cultura propia en contraste con las ajenas, comprender los origines o las diferencias reales históricas o simplemente saber que, en otro lugar del mundo, la gente come el arroz con leche caliente como cena, sabes que algunos toman café con ron, o que comen pez espada frito con bananas, o que llevan turbantes y barbas largas. O que hay niños que son hombres cuando deberían ser simplemente niños.
Me resulta difícil separar lo que soy, de lo que he viajado. No puedo verme pensando en la pobreza, si no hubiese conocido buenos aires, o la ostentación si no hubiera pisado el palacio de Versalles. Tampoco podría dimensionar la injusticia sino supiera que las murallas de Cartagena están unidas por arena con sangre de buey y de esclavos negros. Tampoco hablaría sobre lo oscuro del desarrollismo, si no supiera los miles que murieron construyendo el canal de Panamá. Tampoco podría conseguir la pasión si no hubiese hablado con un fanático de Rosario central perdiendose su primer partido en 5 años, no podría entender el amor, si no hubiese visto la pareja de bretones que conocí en Mendoza, viviendo y recorriendo la argentina juntos, peleando se como hermanitos y queriendose como viejos inquietos.
No hubiera entendido lo que es la riqueza de escribir, si no hubiese vivido tantas cosas dignas de ser escritas. Y no sabría por que escribir si no abrazara la idea de que compartir es el verdadero sentido de mi vida.

domingo, 1 de abril de 2012
Todo esto hice.
Lector, he pecado. Llevo mas de 20 días de viaje, y los hechos superaron mi escribir. He estado en altamar, agarrando cada baranda de escalera a punto vomito, he tocado un piano de media cola frente a una pianista virtuosisima, he besado un pulpo y a una corvina, he bailado canciones de los sesenta vestido de blanco, he hablado con un payaso que me declaro haber comenzado su profesión vendiendo cuestiones ilícitas, he visto un muchacho de 17 años alardeando un libro con una tapa nazi bordeado de dorado y alabando las acciones fascistas, me amiste con quien supongo uno de los futuros cineastas de Rosario (aun con 19 años), he charlado de dios, del amor y de la felicidad con muchachos de 15 años, y he sentido algo que no sentía hace tanto: la juventud hoy es inimaginablemente consciente del tiempo y de la verdadera agonía. He recuperado la esperanza, he forjado amistades, he visto gente con verdadera felicidad en su futuro. He pisado Portugal, Brasil y España. He visto Marruecos y Cabo Verde a la lejanía. Dije ya que bese a un pulpo? Recordé viejos amores, entendi los nuevos e imite el acento chileno a pedido. Redescubri viejos miedos en otras personas, y rescate viejas seguridades de otras. Pensé otra vez en mi futuro, me replantee mi profesión, encontré motivos para viajar, genere un ojo extrañamente comercial e innovador, entendí lo que es querer mejorar y revalorar la tierra propia. Me comí muchas palabras y entendí que algunas eran mas ciertas de lo que creía. Oí mucha música que decía repudiar y ahora entiendo su real sentido. Vi a los ojos a personas que quieren cambiar al mundo, y también a quienes realmente ignoran a sus pares. Pasee por Funchal, en bosques olorosos y revitalizantes, hable con filipinos y brasileros. Escuche a un mozo decirme que los explotaban, vi a mis amigos llevar comida buena a las mujeres que limpian las habitaciones. He charlado con un colombiano que me revelo la palabra parcero. Conocí a un arquitecto consumado totalmente a su profesión, y a una muchacha que lleva la misma profesión en sus venas, visible a sus pocos 16 años. Charle de fantasmas por un lado, de ciencia por otro, vi al sol y lo confundí con la luna. Me sentí en el medio de la misma nada, me imagine como naufrago. Sentí la desesperación de los cuatro horizontes azules. Me amiste con gente hermosa e infantil. Explote la imaginación como tanto deseaba hacer desde años pasados. Reconsidere los conceptos que tan firme sostuve y abrace personas que no conocía para que no lloren mas, porque la vida era peor de lo que pensaban. Me recomendaron cien películas mas de las ya recomendadas. Lleve muchísimas lecturas para no leer mas de una. Me compre una tablet y corrí buscando señal de internet. Me sentí otro idiota burgués, me sentí un consciente anarquista, me sentí un camisetero, me sentí un niño, me sentí un filosofo. Viví en una realidad alterna y al otro día vi una manifestación en Valencia, entrevistando a un hombre disfrazado de pancarta. Vi magos y cantantes. Llore con la narración de un pasajero, que hablaba sobre la vejez, el amor y la felicidad.
Este es el ultimo párrafo de "cuando seamos viejos":
"Cuando seamos viejos
Yo te prometo, compañera mia
Serán nuestros años plenos de dulzura
Serán nuestras horas llenas de poesía
Andaremos juntos, viejitos inquietos
Las cuatro estaciones de un mundo de nietos
Y veras, vida mía, que miente el espejo
Pues aun seremos novios
Cuando seamos viejos"
Ayude a una niña a quitarle la patita a su bicicleta, y me agradeció en portugués.
Y le sonreí a un pakistaní en castellano.

sábado, 18 de febrero de 2012
Cba
Una vez me dijeron una frase que desprecié mucho. Con despreciar cabe adjuntar un resoplido burlón y una mirada de reojo seguida de una sonrisa sarcástica.
"Ya tendrás que aguantar a locas peor que yo". Mi madre. El regaño cotidiano y la frase sentenciando todo. "Sé elegir mi junta" le dije.
Bueno... No.
"LA TAPA. Bajen la tapa del inodoro". Aye, mi mejor amiga desde la secundaria. Baja estatura, ojos azules y una sonrisa estridente. Amor en estado puro y sin filtros. En su departamento nos estamos quedando en un viaje improvisado a Córdoba, a diez horas de colectivo desde La Plata. Su gato, Demóstenes, está tirado con las patas estiradas, como un cordero a la estaca, en el medio del living. "Hijo ¿qué hacés tirado?" le pregunta. Se acerca, lo samarrea. Va a la cocina, se llena de agua la mano y se la arroja el gato. "¡Son las 12 del mediodía, ya es hora de que te actives un poco". El gato odiando el universo.
"Hoy tengo que estudiar, así que desocupen la casa". Se entiende perfectamente, nos vamos.
Me llega un mensaje. "Estabas en mi sueño del cumple de mi secuestrada mama y supermercados antisemitas. Dejame vivir... estabas lindo igual". Mi novia, que se quedó en La Plata. Salimos a la calle, nos ataca el Febrero y la humedad asquerosísima. Vamos a encontrarnos a Fanis, una amiga del sur. Pasamos por una cafetería conocida y consumista. Consumimos y nos reímos de que somos consumistas. Nos encontramos con Fanis en la puerta de su casa. Nos invita a cocinar contentísima: hace milanesas de mijo con palta y tomate. Comemos, con un ventilador de frente. "El vecino de en frente me acosa. El otro día mandó una carta por abajo de la puerta invitándome a tomar mates. No sé como es la cosa." Nos reímos y seguimos comiendo.
La Rolo, que se llama en realidad Sofía, nos avisa que se está liberando. Que podemos ir al paseo de los artesanos. Nos ponemos de acuerdo, y cuando cae la tarde nos vemos ahí. Están con otros amigos de Río Grande, y salimos a dar vuelta. Hablamos de blasfemias, de hippismo, hablamos también de la belleza en las mujeres. Comemos pan relleno con salame. Nos separamos, nos encontramos con ellos y más gente de la Isla. A algunos es mejor perderlos que encontrarlos: por eso mismo insisto en perderlos. Compro "Las Venas Abiertas de América Latina".
Seguimos de gira, volvemos a lo de Aye. Está escuchando Nyan Cat y bailando. "Mirá, Demóstenes es el gatito del video". Lo agarra y le mueve las patas como si fuera el gatito rosado. El gato está acostumbradísimo. Nos vamos a juntar en éste departamento: es sábado. Todos hablamos como si fueramos españoles, con el vosotros y con verbos como "Haced" con malas palabras. "Mamadme la gónada" dice Fran. Rolo se ríe con potencia.
Fran se burla de Roger Waters. "Hola, soy Rogelio Aguas".
Mi madre nunca dijo que sería tan divertido.
"Ya tendrás que aguantar a locas peor que yo". Mi madre. El regaño cotidiano y la frase sentenciando todo. "Sé elegir mi junta" le dije.
Bueno... No.
"LA TAPA. Bajen la tapa del inodoro". Aye, mi mejor amiga desde la secundaria. Baja estatura, ojos azules y una sonrisa estridente. Amor en estado puro y sin filtros. En su departamento nos estamos quedando en un viaje improvisado a Córdoba, a diez horas de colectivo desde La Plata. Su gato, Demóstenes, está tirado con las patas estiradas, como un cordero a la estaca, en el medio del living. "Hijo ¿qué hacés tirado?" le pregunta. Se acerca, lo samarrea. Va a la cocina, se llena de agua la mano y se la arroja el gato. "¡Son las 12 del mediodía, ya es hora de que te actives un poco". El gato odiando el universo.
"Hoy tengo que estudiar, así que desocupen la casa". Se entiende perfectamente, nos vamos.
Me llega un mensaje. "Estabas en mi sueño del cumple de mi secuestrada mama y supermercados antisemitas. Dejame vivir... estabas lindo igual". Mi novia, que se quedó en La Plata. Salimos a la calle, nos ataca el Febrero y la humedad asquerosísima. Vamos a encontrarnos a Fanis, una amiga del sur. Pasamos por una cafetería conocida y consumista. Consumimos y nos reímos de que somos consumistas. Nos encontramos con Fanis en la puerta de su casa. Nos invita a cocinar contentísima: hace milanesas de mijo con palta y tomate. Comemos, con un ventilador de frente. "El vecino de en frente me acosa. El otro día mandó una carta por abajo de la puerta invitándome a tomar mates. No sé como es la cosa." Nos reímos y seguimos comiendo.
La Rolo, que se llama en realidad Sofía, nos avisa que se está liberando. Que podemos ir al paseo de los artesanos. Nos ponemos de acuerdo, y cuando cae la tarde nos vemos ahí. Están con otros amigos de Río Grande, y salimos a dar vuelta. Hablamos de blasfemias, de hippismo, hablamos también de la belleza en las mujeres. Comemos pan relleno con salame. Nos separamos, nos encontramos con ellos y más gente de la Isla. A algunos es mejor perderlos que encontrarlos: por eso mismo insisto en perderlos. Compro "Las Venas Abiertas de América Latina".
Seguimos de gira, volvemos a lo de Aye. Está escuchando Nyan Cat y bailando. "Mirá, Demóstenes es el gatito del video". Lo agarra y le mueve las patas como si fuera el gatito rosado. El gato está acostumbradísimo. Nos vamos a juntar en éste departamento: es sábado. Todos hablamos como si fueramos españoles, con el vosotros y con verbos como "Haced" con malas palabras. "Mamadme la gónada" dice Fran. Rolo se ríe con potencia.
Fran se burla de Roger Waters. "Hola, soy Rogelio Aguas".
Mi madre nunca dijo que sería tan divertido.

jueves, 16 de febrero de 2012
El Tema
“El
tema se encuentra escribiendo”. Esa frase ya indica que el tema existe, pero
que está oculto. Yo le pregunto al tema: ¿por qué te ocultás? ¿Qué le pasa al
tema que tiene que dejar la transparencia y taparse con sombras hasta la nariz,
deshilachando lo poco que queda de la integridad del escritor?
Tiene
miedo el tema, eso es lo que pasa.

viernes, 10 de febrero de 2012
El Argentino Es.
Murió Spinetta.
Así me recibió un taxista en Capital Federal, antes de llevarme a buscar mi Orsai.ç
¿Cuándo? Recién, no sé, se lo llevó el cáncer de pulmón que tenía.
Bien, gracias. Llevo 3 años desmenuzando a spinetta CD por CD, aprendiendo canciones suyas, tocando con Panaderos sus temas (Panaderos Ensoñados es un tema de él).
No filtró. Me tiró el yunque sin preámbulos. Ni siquiera le había indicado el destino. Así de bruto fue. Lentes gruesísimos, pelo con chispas blanquecinas y una camisa cubriendo un cuerpito flaco y encorvado.
No soy muy del Rock Nacional yo.
Es decir, la noticia no vino de un fanático, no me la dijo el Dany, no me lo dijo un cuento hermoso, no me lo dijo una historieta emocionante. Me lo dijo alguien que no es muy del Rock Nacional. Qué sabría él, no le puedo echar la culpa.
Una cagada. Eso nomás le digo, y me guardo todo los encontronazos que llevo en el pecho. Pasa un rato. En la radio, una mina le dedica una parte de "muchacha ojos de papel" a Spinetta. Tu muchacha ojos de papel está llorando por vos.
Me río. Lo chistoso, digo, es que la canción de Muchacha Ojos de Papel es machista. Lo dice el flaco en un documental: "Construirle un castillo en el vientre es hacerle un pibe! encima, a la pobre piba le quiero afanar un color".
Y bue, resopla el taxista. El Argentino es machista.
Que macana. Soy argentino, así que aprecio a una mujer solo por su cuerpo. Mi destino me dice que tendría que exigirle a mi madre que deje su enseñanza en comunicación y su trabajo como encargada para dedicarse a la cocina. Si soy generoso, que siga con la pedagogía en un jardín de infantes. Pucha, el Argentino también es quejoso, así que tendría que estar meta "no, porque las calles son una cagada, porque donde ponés el culo para comer te cagan con el precio. Pero que esta película es una mierda, pero esa mina que usa pantalón blanco seguro quiere guerra (se pueden fusionar las cosas que hacen los argentino, viste)"
Ah, también soy impuntual. Eso era antes de ser argentino, pero ahora tengo una excusa. Entro tarde a la facultad "perdonen todos, soy argentino". SOY UN CHAMUYERO, atento gente. Los argentinos somos chamuyeros. De alma, somos unos piolas bárbaros, que siempre queremos sacar ventaja. Nos metemos en la cola. ¡Qué me grita señora! ¡Me cuelo porque soy argentino! ¿¡no entiende!?
También somos agrandados. El argentino es agrandado, porque sabe que él es mejor. Chauvinista, y es un concepto que sé y vos no. O sea, soy mejor que vos. Discuto con todos porque la tengo más clara. ¿Qué? decir que no somos agrandados es una estupidez. No cerralo vos. No entendés nada, soy argentino.
Señor taxista. Vayase bien a la re concha de su putísima madre. Metasé en un pozo de lava junto con su coche, su relojito y su malla para masajes de respaldo. Sus lentes y su mujer, que seguro es una pelotuda de mierda.
El Argentino es muuuuy maleducado.
Así me recibió un taxista en Capital Federal, antes de llevarme a buscar mi Orsai.ç
¿Cuándo? Recién, no sé, se lo llevó el cáncer de pulmón que tenía.
Bien, gracias. Llevo 3 años desmenuzando a spinetta CD por CD, aprendiendo canciones suyas, tocando con Panaderos sus temas (Panaderos Ensoñados es un tema de él).
No filtró. Me tiró el yunque sin preámbulos. Ni siquiera le había indicado el destino. Así de bruto fue. Lentes gruesísimos, pelo con chispas blanquecinas y una camisa cubriendo un cuerpito flaco y encorvado.
No soy muy del Rock Nacional yo.
Es decir, la noticia no vino de un fanático, no me la dijo el Dany, no me lo dijo un cuento hermoso, no me lo dijo una historieta emocionante. Me lo dijo alguien que no es muy del Rock Nacional. Qué sabría él, no le puedo echar la culpa.
Una cagada. Eso nomás le digo, y me guardo todo los encontronazos que llevo en el pecho. Pasa un rato. En la radio, una mina le dedica una parte de "muchacha ojos de papel" a Spinetta. Tu muchacha ojos de papel está llorando por vos.
Me río. Lo chistoso, digo, es que la canción de Muchacha Ojos de Papel es machista. Lo dice el flaco en un documental: "Construirle un castillo en el vientre es hacerle un pibe! encima, a la pobre piba le quiero afanar un color".
Y bue, resopla el taxista. El Argentino es machista.
Que macana. Soy argentino, así que aprecio a una mujer solo por su cuerpo. Mi destino me dice que tendría que exigirle a mi madre que deje su enseñanza en comunicación y su trabajo como encargada para dedicarse a la cocina. Si soy generoso, que siga con la pedagogía en un jardín de infantes. Pucha, el Argentino también es quejoso, así que tendría que estar meta "no, porque las calles son una cagada, porque donde ponés el culo para comer te cagan con el precio. Pero que esta película es una mierda, pero esa mina que usa pantalón blanco seguro quiere guerra (se pueden fusionar las cosas que hacen los argentino, viste)"
Ah, también soy impuntual. Eso era antes de ser argentino, pero ahora tengo una excusa. Entro tarde a la facultad "perdonen todos, soy argentino". SOY UN CHAMUYERO, atento gente. Los argentinos somos chamuyeros. De alma, somos unos piolas bárbaros, que siempre queremos sacar ventaja. Nos metemos en la cola. ¡Qué me grita señora! ¡Me cuelo porque soy argentino! ¿¡no entiende!?
También somos agrandados. El argentino es agrandado, porque sabe que él es mejor. Chauvinista, y es un concepto que sé y vos no. O sea, soy mejor que vos. Discuto con todos porque la tengo más clara. ¿Qué? decir que no somos agrandados es una estupidez. No cerralo vos. No entendés nada, soy argentino.
Señor taxista. Vayase bien a la re concha de su putísima madre. Metasé en un pozo de lava junto con su coche, su relojito y su malla para masajes de respaldo. Sus lentes y su mujer, que seguro es una pelotuda de mierda.
El Argentino es muuuuy maleducado.

jueves, 2 de febrero de 2012
Neuro
Señor o Señora lector. Lo abajo escrito representa un estado de bloqueo, superado por un desconecto sobrio y voluntario del consciente. Es lo que se llama, casi despectivamente, un texto catártico. Es inédito y apenas con corrección ortográfica: mi orgullo me obliga a aclarar dicha naturaleza y a seguir con su vida, si no es un buen momento para sentirse miserable. Muchas gracias.

domingo, 22 de enero de 2012
Algunos Puntos
Todos hablan. Pocos piensan y muchos repiten. Lo que voy a escribir a continuación es una serie de opiniones formuladas acerca de S.O.P.A, P.I.P.A y el accionar de Anonymus estos últimos días.
Esté claro, también, que no existe el miedo en lo que voy a decir.
*SOPA y PIPA son leyes de los Estados unidos que buscan el beneficio económico y la desigualdad cultural. También afirmo que los métodos de control social comienzan por los medios: EEUU quiere controlar lo que hacemos.
*Busco vivir de mi derecho intelectual. Eso no significa que la gente no merezca leerme sólo porque no puede pagarme. Soy un ferviente militante de la cultura libre.
*Puedo asegurar, por experiencia propia y ajena, que es muchísimo más satisfactorio pagar un producto, cuando se tiene acceso libre a él. Si no puedo acceder a algo porque no tengo dinero, me siento extorsionado. Me dan a elegir: Que preferís, cuarenta pesos o un CD de Spinetta. Preferiré el CD, pero sentiré que tuve que elegir entre dos cosas. Una extorsión.
*Las represalias, si bien pueden ser efectivas en lo inmediato, pueden ser otro Pearl Harbour. Si de algo sirve la historia, es para aprender de los errores: los gobiernos de los E.E.U.U, como también el argentino durante principios del siglo XX, buscó generar excusas para llevar adelante planes maquiavélicos de ambición incoherente. Lo hicieron con la nombrada isla, lo hicieron con el comunismo, lo están haciendo hoy con Megaupload. Es cuestión de tiempo para que los medios se pronuncien en contra (cheque millonario de por medio) y que Anonymus sea el héroe incomprendido, como Spiderman.
*Confío en el razonamiento de la gente que navega la Web. Tengo fé en que la gente con la que converso, que está empapada de internet, va a luchar y a desmerecer aquello que los medios y las multinacionales digan. Sin embargo, somos una población pequeña: No somos todos. Somos gente con acceso a internet, y con el tiempo de pronunciarnos. Sobre todo aquí en Latinoamérica. No somos áfrica, no somos Haití, no somos Indonesia.
*Instruyamosnos. Es más brillante la luz del conocimiento que la del fanatismo. Cuando nos sentamos en una mesa a discutir sobre la libertad cultural es indispensable que comprendamos la raíz de lo que se trata. Yo me preocupé en dudar y replantear mil veces estos temas. La defensa de una internet libre es el fruto de varios libros, discusiones y una incursión de clavado sobre la cultura online.
*La libertad es relativa. No luchamos "por ser libres", pues la libertad es un término muy falso. Luchamos por la igualdad de oportunidades. Por no aumentar la brecha entre quienes pueden acceder y quienes no. Hacemos todo esto por proteger el conocimiento y la cultura libre, y lograr un mundo en que todos podamos saber todo sin necesariamente tener que pagar por ello. La libertad es la excusa por la que USA está en Iraq y en Afganistán. La IGUALDAD es por la que yo, personalmente, lucho por una cultura libre.
*La cultura es todo. Desde la capacitación para un trabajo, hasta el conocimiento de nuestros derechos. Nuestro seguro de vida contra los medios masivos pagos y las ideas prefijas y no explicadas. ESO es la internet. Yo me considero un ciudadano completo, con ambiciones, expectativas, conocimientos y capacidad de raciocinio social. Puedo pensar como uno, dentro de miles. Eso no es posible, si no nos unifica la comunicación. La comunicación no nos unifica, si el hombre de corbata nos observa y no quiere que nos comuniquemos.
*Es por amor, no por saña. Cualquier revolución que busque la sangre está encaminada al desastre. Todo acto motivado por la saña y no por el fin verdadero, es un paso más alejado de la bondad del acto.
*Los artistas también tienen voz. Escuchemos lo que tienen para decir, preguntémosles que piensan. Por ser artista no significa necesariamente que tengan razón, sin embargo, sus vidas van a ser afectadas seriamente. Yo, como "artista" doy el O.K. De hecho, he a aquí lo que pienso.
*No nos conformemos, pero tampoco seamos inalcanzables. Está bien no conformarse con una reforma de una ley de mierda. Está bien no conformarse con menos que la internet libre y hermosa que deseamos. No está bien, sin embargo, no entender algunas realidades. Esto está estrictamente relacionado con el punto de la saña. No queramos que todo el mundo regale su vida. Brindemos soluciones a los problemas, otra salida, nuevas formas de venta, estrategias, formas de ganarse la vida sin coartar algo que debería ser de todos.
Esté claro, también, que no existe el miedo en lo que voy a decir.
*SOPA y PIPA son leyes de los Estados unidos que buscan el beneficio económico y la desigualdad cultural. También afirmo que los métodos de control social comienzan por los medios: EEUU quiere controlar lo que hacemos.
*Busco vivir de mi derecho intelectual. Eso no significa que la gente no merezca leerme sólo porque no puede pagarme. Soy un ferviente militante de la cultura libre.
*Puedo asegurar, por experiencia propia y ajena, que es muchísimo más satisfactorio pagar un producto, cuando se tiene acceso libre a él. Si no puedo acceder a algo porque no tengo dinero, me siento extorsionado. Me dan a elegir: Que preferís, cuarenta pesos o un CD de Spinetta. Preferiré el CD, pero sentiré que tuve que elegir entre dos cosas. Una extorsión.
*Las represalias, si bien pueden ser efectivas en lo inmediato, pueden ser otro Pearl Harbour. Si de algo sirve la historia, es para aprender de los errores: los gobiernos de los E.E.U.U, como también el argentino durante principios del siglo XX, buscó generar excusas para llevar adelante planes maquiavélicos de ambición incoherente. Lo hicieron con la nombrada isla, lo hicieron con el comunismo, lo están haciendo hoy con Megaupload. Es cuestión de tiempo para que los medios se pronuncien en contra (cheque millonario de por medio) y que Anonymus sea el héroe incomprendido, como Spiderman.
*Confío en el razonamiento de la gente que navega la Web. Tengo fé en que la gente con la que converso, que está empapada de internet, va a luchar y a desmerecer aquello que los medios y las multinacionales digan. Sin embargo, somos una población pequeña: No somos todos. Somos gente con acceso a internet, y con el tiempo de pronunciarnos. Sobre todo aquí en Latinoamérica. No somos áfrica, no somos Haití, no somos Indonesia.
*Instruyamosnos. Es más brillante la luz del conocimiento que la del fanatismo. Cuando nos sentamos en una mesa a discutir sobre la libertad cultural es indispensable que comprendamos la raíz de lo que se trata. Yo me preocupé en dudar y replantear mil veces estos temas. La defensa de una internet libre es el fruto de varios libros, discusiones y una incursión de clavado sobre la cultura online.
*La libertad es relativa. No luchamos "por ser libres", pues la libertad es un término muy falso. Luchamos por la igualdad de oportunidades. Por no aumentar la brecha entre quienes pueden acceder y quienes no. Hacemos todo esto por proteger el conocimiento y la cultura libre, y lograr un mundo en que todos podamos saber todo sin necesariamente tener que pagar por ello. La libertad es la excusa por la que USA está en Iraq y en Afganistán. La IGUALDAD es por la que yo, personalmente, lucho por una cultura libre.
*La cultura es todo. Desde la capacitación para un trabajo, hasta el conocimiento de nuestros derechos. Nuestro seguro de vida contra los medios masivos pagos y las ideas prefijas y no explicadas. ESO es la internet. Yo me considero un ciudadano completo, con ambiciones, expectativas, conocimientos y capacidad de raciocinio social. Puedo pensar como uno, dentro de miles. Eso no es posible, si no nos unifica la comunicación. La comunicación no nos unifica, si el hombre de corbata nos observa y no quiere que nos comuniquemos.
*Es por amor, no por saña. Cualquier revolución que busque la sangre está encaminada al desastre. Todo acto motivado por la saña y no por el fin verdadero, es un paso más alejado de la bondad del acto.
*Los artistas también tienen voz. Escuchemos lo que tienen para decir, preguntémosles que piensan. Por ser artista no significa necesariamente que tengan razón, sin embargo, sus vidas van a ser afectadas seriamente. Yo, como "artista" doy el O.K. De hecho, he a aquí lo que pienso.
*No nos conformemos, pero tampoco seamos inalcanzables. Está bien no conformarse con una reforma de una ley de mierda. Está bien no conformarse con menos que la internet libre y hermosa que deseamos. No está bien, sin embargo, no entender algunas realidades. Esto está estrictamente relacionado con el punto de la saña. No queramos que todo el mundo regale su vida. Brindemos soluciones a los problemas, otra salida, nuevas formas de venta, estrategias, formas de ganarse la vida sin coartar algo que debería ser de todos.
Si vamos a hacer una revolución, hagámosla como debe hacerse.
Bruno Martínez - Twitter: @BruReale

martes, 17 de enero de 2012
Emocionatol
Emocionarse es el sencillo acto de tomar una vida complicada, y atacarla con algo igual o más complicado para contrarrestarla. Es como una batalla entre lo emocionante y lo condicionante: Una batalla sobre la complejidad.
El premio al victorioso: el alma.
Advertencias: puede causar llanto, euforia, gritos, peleas, ideas alocadas, mocos, amistades, amores o simple indiferencia.
En caso de extremo mal uso
puede causar alegría.

sábado, 7 de enero de 2012
No se paga.
La sociedad quiere hacernos pagar por lo que amamos. En lo que a mi respecta, nunca pagaría un paisaje, o una mueca chistosa. Nunca sobornaría por un ataque de cosquillas, o la mejor atención de todas. Sin embargo, caen los años y la magia hecha producto nos busca hasta en los rincones de nuestras cuevas.
La legitimidad del arte ya está en combate: ¿Es el precio o es la adhesión lo que vuelve amable a un producto cultural?
Bien, ya estuvo bien de vocabulario de revista, o de ensayo. Esta vez, será dicho en palabras que no fingen sino que encuentran.
Ya es oficial la declaración de guerra de este blog, y de mi producción de todo tipo, contra los derechos intelectuales extorsivos y los afanos abiertos y disimulados (como diría el general) de los grandes imperios de la verdadera libertad. No voy a pagar por lo que me hace libre: no voy a consumir falsas libertades.
Pagaré quizás un concierto, aportaré lo que pueda o quiera a una causa: brindaré verdadera vida a lo que me enriquece, como lo que hacemos en Orsai los que lo hacemos. Pero lucharé encontra de las productoras, levantando plumas en contra y regalando la obra. Más que regalar (que a todo el viejo mundo parece sonarle mal) es presentar: He aquí lo que hice, vos, de igual a igual, aportá lo que quieras. Es algo así como una vaquita, pero un poco diferente. Sí, solo un poco.
Nos costará a quienes pensamos así. Quizá sea esa vocecita imbécil que nos hace correr contra el viento, nadar cascada arriba sólo para sentirnos menos insignificantes: quizá sea lo que llevó al Quijote a cargar contra un molino.
Quizás sea el verdadero espíritu de la nobleza.
La legitimidad del arte ya está en combate: ¿Es el precio o es la adhesión lo que vuelve amable a un producto cultural?
Bien, ya estuvo bien de vocabulario de revista, o de ensayo. Esta vez, será dicho en palabras que no fingen sino que encuentran.
Ya es oficial la declaración de guerra de este blog, y de mi producción de todo tipo, contra los derechos intelectuales extorsivos y los afanos abiertos y disimulados (como diría el general) de los grandes imperios de la verdadera libertad. No voy a pagar por lo que me hace libre: no voy a consumir falsas libertades.
Pagaré quizás un concierto, aportaré lo que pueda o quiera a una causa: brindaré verdadera vida a lo que me enriquece, como lo que hacemos en Orsai los que lo hacemos. Pero lucharé encontra de las productoras, levantando plumas en contra y regalando la obra. Más que regalar (que a todo el viejo mundo parece sonarle mal) es presentar: He aquí lo que hice, vos, de igual a igual, aportá lo que quieras. Es algo así como una vaquita, pero un poco diferente. Sí, solo un poco.
Nos costará a quienes pensamos así. Quizá sea esa vocecita imbécil que nos hace correr contra el viento, nadar cascada arriba sólo para sentirnos menos insignificantes: quizá sea lo que llevó al Quijote a cargar contra un molino.
Quizás sea el verdadero espíritu de la nobleza.

sábado, 24 de diciembre de 2011
Navidad.
Es navidad. La navidad es un símbolo, es decimos mientras comemos un lechoncito: "es un símbolo, una excusa para reunirnos". Yo soy el menor y tengo veinte años, por lo que las coartadas de un panzón que no paga impuestos ni aporta a la AFIP no son necesarias.
No lo decimos con un profundo sentimiento de creencia. Es verdad, estamos comiendo bien vestido donde comemos siempre. Es como el cumpleaños de todos, es como un año nuevo menos importante, algo así como un "guarda que vengo" del 2012, en este caso.
Tengo planes. Me conecto un segundo a saludar a todos, porque es una fecha donde todos ablandan y se tratan bien entre sí. O por lo menos se esfuerzan por intentarlo. La Navidad es un momento en que me siento más en comunión con la sociedad. Creo que no hay que pensar en el pasado y revalorar a las personas una vez al año, sino todo el tiempo. Justo hoy, lo hacemos todos a la vez. Es como un fantástico "prende y apaga".
A Fran se le desocupa la casa (es decir, el único que queda ocupándola es él) y hace una invitación universal. Voy a ir, voy a encontrarme con mucha gente que me va a decir lo largo que tengo el pelo, lo flaco que estoy solo por decir algo, aquellos que me preguntan como me va en el año, si cambiarme de carrera me sirvió, como estoy con las chicas, si de verdad estoy de novio, que de donde es, que si estudia lo mismo que yo, que como la conoci. Escuchar sus historias, reirme. Amarlos a todos. Paralelamente, todos van a estar presumiendo lo bien que se sienten de poder descontrolarse por fin en todo el año. Lo divertido que va a ser, anécdotas de borrachos, chistes que ya no me causan gracias, chistes que aún lo hacen, humor negro, preguntas estúpidas, música que no soporto, música que amo, charlas interesantes, recuerdos.
Los que se vayan a bailar a las tres de la madrugada desalojan la casa. Como no me expresé contra todos cuando alardeaban lo drogados o borrachos que querían estar y lo felices que los hace liberarse de cadenas de las cuales tienen llave, me van a invitar. Que dale, que vamos todos juntos, que no nos vamos a ver hasta dentro de mucho tiempo, que me voy a matar de risa, que somos todos amigos, que el boliche se re pone, que me pagan los tragos si voy. Me voy a negar y me van a burlar con amor: "Te hacés el difícil".
Creo que en este punto realmente soy difícil. Yo quiero estar despatarrado. Liberar mi mente y sonreír en paz. Entender que la gente que está conmigo está ahi porque valen. Abrazar gente que no espera abrazos. Servirles gaseosa. Cantarles alguna canción con la guitarra, bailar con ellos. Decirles algún cumplido disfrazado, para confundirlos.
Antes que sumirme en un gentío que ostenta su ropa, su forma de bailar descolocados, su conocimiento de la canción de turno, su ingenio para el levante al ras, su desempeño frente a un vaso con líquido colorido, su aversión a lo que yo llamo diversión:
Antes que todo eso, prefiero ser feliz...
Y cantar Oxysakre:
(No apto para gente que se alborota con la palabra "concha" sea cual sea su acepción)

martes, 6 de diciembre de 2011
La Tarea de Des-Ocuparse
Las cosas no se terminan, hasta que se terminan. Una fila del banco no se acaba hasta que se llega a ventanilla o se deserta. Un plato de ravioles no se finaliza hasta que se dejan los cubiertos o cuando no hay más que senderos de tuco en el plato. Un año no concluye hasta las 00:00 del 1 de Enero del año siguiente.
Se me ha enseñado a no utilizar argumentos que refuten mis propias teorías: No se me ocurrió mejor idea que usarlos siempre. No entiendo por qué escondería aquello que acerca al lector (a quién escribe también) a una realidad más palpable. A entender y tomar el punto de vista, con errores incluidos. Entendiendo que lo que digo es sensible a un flaqueo por algún lado, no hay mejor solución que blanquearlo. Acá la aclaración de hoy:
Partiendo de la base de que el tiempo es un invento de simple orden y que su estructura no es más que una creación artificial de la mano de nuestros ancestros de calzas y pelucas raras, vamos a hablar de "un año" como la construcción sobre sí. Cabe aclarar que el autor de este texto perteneció toda su vida a una especie de clase media (las clases son un invento, como el tiempo o las zapatillas con abrojo), por lo tanto, el ambiente que recorre la entrada responderá seguramente a quienes lo acompañan en suerte. No hablamos de un año como orden, sino como símbolo. Por lo tanto, todas las afirmaciones que haga en esta entrada de blog, están atadas a esa variable: todos pueden entender los símbolos como quieran, o como lo han hecho siempre.
El desafío es verlo diferente.
El día de hoy, ya en unas 4:48 am desveladas, es 7 de Diciembre. No sé si es la redondez de la "D", o si son los mil negocios con presiones navideñas, pero todo el mundo da por concluido el año 2011. Falta casi un doceavo de año para que finalice. Es como sentirse en Marzo el 3 de Febrero.
Todo habla de un momento que todavía no existe.
Siempre omitiendo las cuestiones en que la navidad y el año nuevo están forrados con nieve, aunque en Capital Federal marquen 27º celcius; que usamos suéteres con renos y que si no tenemos chimenea vamos a ser personas tristes, voy a ahondar un poco en esta temática:
Pre-ocuparse es insalubre.
Si, con guión. Es para que se entienda mejor el cómo se toma la palabra. Etimológicamente (es decir, dividiendo la palabra en partes) Pre Ocuparse significa ocuparse de algo antes de ese algo.
Es como, por ejemplo, usar corrector en la hoja antes de equivocarse. Es utilizar fuerza psicológica, y hasta física, en un evento que no ocurrió aún. Un evento que no más del %50 de las veces sucede. El otro %50 es de los que normalmente sonreímos y agradecemos que no pasó. Obviamente, con horas de ocupación previa.
Es darle importancia a un hecho siquiera antes que se pueda hacer algo. Si se pudiera modificar la situación, si uno tiene cosas que hacer para esperar esa situación, entonces no sería "Pre". Sería "ocuparse" de eso. Así nomás te digo.
Pasa justo en esta época del año: los balances, los recuerdos, las cursilerías. El número #2011 como un casillero más donde guardar una parte de tu vida, para encontrarlo mejor cuando alguien desconocido te saluda en la calle y te pregunta si te acordás de él, o ella. Es el momento para volver al hogar, si se está lejos. O de revalorarlo, si se está cerca. Es el momento donde las cuestiones como innovar, crecer, contagiar ideas, u otras, se paralizan.
Las fiestas son el momento del desenchufe mundial.
Que no se me entienda mal: me agradan las fiestas y sus pormenores. Volver al hogar, reencontrarse con familiares perdidos en algún lado. Comer como primates y atinarle a convenciones sociales. Admito que, éstas últimas, menos sinceras de lo que son mis letras acá.
Sin embargo, el ambiente se tensa cuando entro en él: No tengo árbol de Navidad, no miro los especiales navideños de ningún canal de dibujos animados, no tengo que resguardar ninguna coartada para niños, no tengo que escribir una carta. Sinceramente, ni siquiera me merezco un regalo, ya que las cosas que he pedido están hoy sobre mi mesa.
No necesito la Navidad como me la enseñaron, como la ví en Cartoon Network. ¿Está mal?
La preocupación, aún así, son sólo algunas preguntas: ¿Pasamos la mayor cantidad de tiempo ocupandonos de cosas que todavía no existen? Los hechos empiezan y terminan a veces muy rápido: nosotros los tenemos en la cabeza durante semanas... ¿Será que también nos podemos postocupar de algo?. Si bien es insalubre, ¿Estará mal ocuparse de algo antes que no exista? ¿Se disfruta de la vida al máximo cuando se está sufriendo por un futuro? ¿Tiene realmente el ser humano la necesidad de depositar sus dudas existenciales en cuestiones impalpables e inexistentes como el futuro, o el cerro Uritorco? En caso que la tenga ¿Existen formas de canalizarlo para ser útiles a un fin más solidario?.
Una paloma me acaba de asustar, 05:26 a.m., parada en el tendedero de mi balcón. La ventana estaba abierta. El reflejo fue correr a cerrarla.

viernes, 2 de diciembre de 2011
Una Paloma
Me sorprende fuera un nuevo día. En la algarabía de una serie de Cuevana, la ventana vuelve a las lámparas una redundancia. La luz se filtra por las cortinas, y las cinco de la madrugada ya son mañana.
El día de ayer, o el de hoy si es el dormir el parámetro del nuevo día, resultó un día reflexivo. Puedo comenzar contando las bromas y los delirios de mi invitado de nuestro sur. Puedo tantear el desorden y la búsqueda de objetos perdidos. Sin embargo, el día comenzó con una paloma.
Comimos en un Burguer King. Ya era tarde, algo así como las tres. A la hora de pedir nuestro poco nutritivo alimento, conversábamos sobre una muchacha y la seducción. Si bien no son temas comunes para charlar con cualquiera, con Fran y mis amigos de mis lares resulta sencillo. Nos formamos de manera similar: hablar de mujeres no es un tabú, ni un sentimentalismo. Esta chica era muy bonita.
Pedimos y esperamos. Nuestra comida se sirve rápido y en poco tiempo estamos subiendo las escaleras. La muchacha estaba ahí, a mis espaldas. Mi compañero estaba mirándome de frente, por lo que la chica se ubicaba directamente frente a él. Yo simplemente veía la zona de juegos y parte del piso de abajo. La planta superior era bastante más reducida que el local entero, por lo que por un gran espacio se podía asomar al piso inferior, como un balcón.
Nos reímos de lo inmordible de la hamburguesa y se me dice que la chica está sola, comiendo una hamburguesa bastante grande. "En un momento de coraje, hay que sentarse y hablar. Ella seguro está ansiosa por algo así, tan de película" dije. Yo dando consejos sin poder ejecutarlos. Fran movió sus hombros, y siguió el festín. Algo me llamó la atención desde abajo.
Entre movimientos y aleteos, una mancha negra que asciende se aclara. Una paloma entró volando al local de puertas enormes y está buscando salir, desesperada. Algo se habrá visto en mis ojos, que mi co-devorador silenció y quedó tieso mirándome.
Fugaz, ve un panel blanco de luz en el techo, y se estampa contra él. No cede, así que da una vuelta para encontrar otra salida. Junto a unos muchachos sentados a un par de metros de donde estábamos nosotros, se extendía un ventanal del tamaño de la pared entera. El ave lo cree idóneo, y se lanza casi en picada.
"Uh" dije fuerte al primer impacto, sorprendido por el espectáculo. Fran entendió que mi atención estaba tras de sí, y giró para ver el descenso a toda velocidad. Me sorprendió la seguridad del bicho, lo insospechado de la inocente malicia de un vidrio irrompible.
El golpe fue seco, aunque tronó con fuerza. Cayó sobre la mesa de los muchachos y luego siguió camino hasta el piso. Nosotros, a un metro esta vez, no pudimos soportarlo. Nos han criado con películas violentas como Mi Pobre Angelito, o con dibujos como Tom y Jerry: esa es la única explicación que realmente me tranquiliza. Nos tentamos de risa. La estupidez, la fuerza, la cinemática trayectoria de un pájaro que ahora está en el piso. Yace casi inmóvil, boca arriba. Nos reímos muchísimo, les puedo jurar que no podía parar.
"Compungido" es la palabra que usó mi amigo para describir a esas pocas personas que rodearon al pobre bicho. Eran un par de nenes chiquitos, y otras personas más grandes que lo vieron entrar. Fue todo muy veloz. Yo veo una y otra vez el ave distraído, tonto, golpearse contra la lámpara y estamparse contra el vidrio. Era imposible cortar esas imágenes.
Pasa uno o dos minutos eternos. A duras cuestas ensombrezco la mirada, y me acerco al animal, que aún abría y cerraba el pico. No iba a sobrevivir. Definitivamente, despertó un dilema muy fuerte dentro de mi cerebro, ya a esta altura, autónomo: reírme por lo cómico de la situación o entristecerme por el destino. Me acerco un poco más. Todos mantienen una distancia aunque el "pobrecita" se repite en varias voces.
No sé muy bien que surgió. Dudo seriamente que haya sido una cuestión de aparentar. Me recliné y tomé a la paloma entre mis palmas (hasta entonces nunca había tocado un animal que no sea doméstico) y la alzé en su agonía. Tenía la mirada triste.
Un muchacho me ofreció que la deje irse por la ventana. El animal estaba estupefacto, a punto de morir. Volar no sonaba como algo posible: tirarlo por la ventana sería solo un tercer impacto. Aún viendo a la paloma accidentarse una y otra vez en mi cabeza, decido (en voz alta) llevarla fuera, dejarla en algún espacio verde. La tomo firmemente, y bajo las escaleras. No giré la cabeza para ver a nadie. Ni a Fran ni a la gente, ni a la chica. No vacilé tampoco, solo bajé.
Paso entre muchas personas que ni siquiera saben lo que sucedió arriba. No ven el ave, ni me ven a mí. Seguramente fue por mi avance para nada sospechoso. Camino hacia afuera y me dirijo hacia una plazoleta que está cruzando la calle 7, frente a la facultad de humanidades, de la UNLP. El semáforo está en rojo. Yo, un muchacho de pantalón corto y chomba roja, miro el semáforo con serenidad. Tengo en mis manos las últimas luces de una vida insignificante como puede ser la de una paloma más. Yo tengo la sensación de que ninguna paloma murió antes que ésta y que ninguna paloma moriría como la que cargaba en mis manos.
Cruzo la calle, y debajo de un árbol enano, me extiendo y dejo el cuerpo. Ella ya no se mueve ni parece respirar. Vuelvo al negocio, y subo las escaleras. "¿Vamos?" finjo indiferencia. Agarramos las gaseosas y encaramos la retirada. La chica le dice algo a Fran, y cuando miro, me dice que me acerque. "¿Qué pasó con la paloma?" me pregunta "la dejé cruzando 7. Cuando la bajé movía el pico, pero no creo que le quede mucho más de vida" mentí en tono afligido. "Pobre..." concluye. "Bueno, chica, nos vamos. Hasta luego" confío. En tono de funeral, me sonríe y me dice que hasta luego. Bajamos con Fran.
"Qué gracioso. Tanto pésame por una paloma, cuando está devorándose prácticamente una vaca entre panes" reflexioné en voz alta.
Las carcajadas nos acompañaron hasta la puerta. Más allá de la cruel verdad que nos daba tanta gracia, entendimos que ella estaba deseosa de hablar. Ella había sentido algo, y nosotros estábamos ahí para recibirlo y compartirlo. Habíamos presenciado ese acto tan extraordinario juntos, y le hubiera gustado, seguramente, que la acompañemos en él. Hubiera preferido su combo con dos extraños que se apiadan de una paloma luego de reirse de ella.
Sin embargo, la protegimos. Ella no supo la verdad del animal. Ella no se enteró que había muerto.
Yo, en cambio, lo sabía muy bien. Es la primera vez en mi vida que veo a un ser vivo morir. Es, también, la primera vez que uno pierde la vida en mis manos. La diferencia en sus ojos entre su agonía y su tranquilidad. Su cabeza débil, su cuerpo pesado.
La chica seguramente se fue a su casa y su vida siguió sin más. Quizás contó la historia, y habló de los chicos que se pusieron de acuerdo para sacar a la paloma. Sin embargo, ella no habló de muerte, ni de los ojos de la paloma. Ella no habló del cuello blando, de las alas relajadas, ni del poco pasto que la abrigaría bajo el árbol petiso. Ella quizá pensó algo sobre los chicos que no se sentaron con ella, de lo imposible que fue compartir la emoción. De que nos reímos cuando pasó. Cuando la dejamos, quizá entendió nuestro apuro.
Sin embargo, no entendió el bien que le hicimos al alejarla de aquello de lo que todos los seres humanos luchan por olvidar:
La muerte en la insignificancia.
El día de ayer, o el de hoy si es el dormir el parámetro del nuevo día, resultó un día reflexivo. Puedo comenzar contando las bromas y los delirios de mi invitado de nuestro sur. Puedo tantear el desorden y la búsqueda de objetos perdidos. Sin embargo, el día comenzó con una paloma.
Comimos en un Burguer King. Ya era tarde, algo así como las tres. A la hora de pedir nuestro poco nutritivo alimento, conversábamos sobre una muchacha y la seducción. Si bien no son temas comunes para charlar con cualquiera, con Fran y mis amigos de mis lares resulta sencillo. Nos formamos de manera similar: hablar de mujeres no es un tabú, ni un sentimentalismo. Esta chica era muy bonita.
Pedimos y esperamos. Nuestra comida se sirve rápido y en poco tiempo estamos subiendo las escaleras. La muchacha estaba ahí, a mis espaldas. Mi compañero estaba mirándome de frente, por lo que la chica se ubicaba directamente frente a él. Yo simplemente veía la zona de juegos y parte del piso de abajo. La planta superior era bastante más reducida que el local entero, por lo que por un gran espacio se podía asomar al piso inferior, como un balcón.
Nos reímos de lo inmordible de la hamburguesa y se me dice que la chica está sola, comiendo una hamburguesa bastante grande. "En un momento de coraje, hay que sentarse y hablar. Ella seguro está ansiosa por algo así, tan de película" dije. Yo dando consejos sin poder ejecutarlos. Fran movió sus hombros, y siguió el festín. Algo me llamó la atención desde abajo.
Entre movimientos y aleteos, una mancha negra que asciende se aclara. Una paloma entró volando al local de puertas enormes y está buscando salir, desesperada. Algo se habrá visto en mis ojos, que mi co-devorador silenció y quedó tieso mirándome.
Fugaz, ve un panel blanco de luz en el techo, y se estampa contra él. No cede, así que da una vuelta para encontrar otra salida. Junto a unos muchachos sentados a un par de metros de donde estábamos nosotros, se extendía un ventanal del tamaño de la pared entera. El ave lo cree idóneo, y se lanza casi en picada.
"Uh" dije fuerte al primer impacto, sorprendido por el espectáculo. Fran entendió que mi atención estaba tras de sí, y giró para ver el descenso a toda velocidad. Me sorprendió la seguridad del bicho, lo insospechado de la inocente malicia de un vidrio irrompible.
El golpe fue seco, aunque tronó con fuerza. Cayó sobre la mesa de los muchachos y luego siguió camino hasta el piso. Nosotros, a un metro esta vez, no pudimos soportarlo. Nos han criado con películas violentas como Mi Pobre Angelito, o con dibujos como Tom y Jerry: esa es la única explicación que realmente me tranquiliza. Nos tentamos de risa. La estupidez, la fuerza, la cinemática trayectoria de un pájaro que ahora está en el piso. Yace casi inmóvil, boca arriba. Nos reímos muchísimo, les puedo jurar que no podía parar.
"Compungido" es la palabra que usó mi amigo para describir a esas pocas personas que rodearon al pobre bicho. Eran un par de nenes chiquitos, y otras personas más grandes que lo vieron entrar. Fue todo muy veloz. Yo veo una y otra vez el ave distraído, tonto, golpearse contra la lámpara y estamparse contra el vidrio. Era imposible cortar esas imágenes.
Pasa uno o dos minutos eternos. A duras cuestas ensombrezco la mirada, y me acerco al animal, que aún abría y cerraba el pico. No iba a sobrevivir. Definitivamente, despertó un dilema muy fuerte dentro de mi cerebro, ya a esta altura, autónomo: reírme por lo cómico de la situación o entristecerme por el destino. Me acerco un poco más. Todos mantienen una distancia aunque el "pobrecita" se repite en varias voces.
No sé muy bien que surgió. Dudo seriamente que haya sido una cuestión de aparentar. Me recliné y tomé a la paloma entre mis palmas (hasta entonces nunca había tocado un animal que no sea doméstico) y la alzé en su agonía. Tenía la mirada triste.
Un muchacho me ofreció que la deje irse por la ventana. El animal estaba estupefacto, a punto de morir. Volar no sonaba como algo posible: tirarlo por la ventana sería solo un tercer impacto. Aún viendo a la paloma accidentarse una y otra vez en mi cabeza, decido (en voz alta) llevarla fuera, dejarla en algún espacio verde. La tomo firmemente, y bajo las escaleras. No giré la cabeza para ver a nadie. Ni a Fran ni a la gente, ni a la chica. No vacilé tampoco, solo bajé.
Paso entre muchas personas que ni siquiera saben lo que sucedió arriba. No ven el ave, ni me ven a mí. Seguramente fue por mi avance para nada sospechoso. Camino hacia afuera y me dirijo hacia una plazoleta que está cruzando la calle 7, frente a la facultad de humanidades, de la UNLP. El semáforo está en rojo. Yo, un muchacho de pantalón corto y chomba roja, miro el semáforo con serenidad. Tengo en mis manos las últimas luces de una vida insignificante como puede ser la de una paloma más. Yo tengo la sensación de que ninguna paloma murió antes que ésta y que ninguna paloma moriría como la que cargaba en mis manos.
Cruzo la calle, y debajo de un árbol enano, me extiendo y dejo el cuerpo. Ella ya no se mueve ni parece respirar. Vuelvo al negocio, y subo las escaleras. "¿Vamos?" finjo indiferencia. Agarramos las gaseosas y encaramos la retirada. La chica le dice algo a Fran, y cuando miro, me dice que me acerque. "¿Qué pasó con la paloma?" me pregunta "la dejé cruzando 7. Cuando la bajé movía el pico, pero no creo que le quede mucho más de vida" mentí en tono afligido. "Pobre..." concluye. "Bueno, chica, nos vamos. Hasta luego" confío. En tono de funeral, me sonríe y me dice que hasta luego. Bajamos con Fran.
"Qué gracioso. Tanto pésame por una paloma, cuando está devorándose prácticamente una vaca entre panes" reflexioné en voz alta.
Las carcajadas nos acompañaron hasta la puerta. Más allá de la cruel verdad que nos daba tanta gracia, entendimos que ella estaba deseosa de hablar. Ella había sentido algo, y nosotros estábamos ahí para recibirlo y compartirlo. Habíamos presenciado ese acto tan extraordinario juntos, y le hubiera gustado, seguramente, que la acompañemos en él. Hubiera preferido su combo con dos extraños que se apiadan de una paloma luego de reirse de ella.
Sin embargo, la protegimos. Ella no supo la verdad del animal. Ella no se enteró que había muerto.
Yo, en cambio, lo sabía muy bien. Es la primera vez en mi vida que veo a un ser vivo morir. Es, también, la primera vez que uno pierde la vida en mis manos. La diferencia en sus ojos entre su agonía y su tranquilidad. Su cabeza débil, su cuerpo pesado.
La chica seguramente se fue a su casa y su vida siguió sin más. Quizás contó la historia, y habló de los chicos que se pusieron de acuerdo para sacar a la paloma. Sin embargo, ella no habló de muerte, ni de los ojos de la paloma. Ella no habló del cuello blando, de las alas relajadas, ni del poco pasto que la abrigaría bajo el árbol petiso. Ella quizá pensó algo sobre los chicos que no se sentaron con ella, de lo imposible que fue compartir la emoción. De que nos reímos cuando pasó. Cuando la dejamos, quizá entendió nuestro apuro.
Sin embargo, no entendió el bien que le hicimos al alejarla de aquello de lo que todos los seres humanos luchan por olvidar:
La muerte en la insignificancia.

martes, 15 de noviembre de 2011
Primeras Impresiones
Amo reparar en el comienzo de un texto. Darle un segundo demás a las primeras palabras donde, el autor, seguro se sintió como un guaraní entrando en una capilla. Ese momento donde uno conoce a quién le hablaba por internet hace tanto tiempo. Donde estás obligado a hablar: Si un lector llega a un texto, el autor está empujado a escribir lo que sigue. Es como el nivel del Mario Bros (el viejo) que arranca y avanza constante, impune e indómito.
Ahí es donde se ve la verdadera personalidad del escritor. No durante el texto, no al final ni después. El comienzo es ese primer impacto, donde se asocia lo que uno cree de un escritor, con la verdadera obra. Es como hablar por telefono muchas veces con una mujer, para luego conocer al cuerpo, a la boca y a los ojos que pronuncian las oídas palabras. Y creo, simplemente, que las primeras impresiones son oro puro. Oro psico-social, digámosle en nuestro snobismo.
Las primeras impresiones son un empujón muy brusco, donde cada persona, en su necesidad de defensa, no sabe cómo reaccionar. Por lo menos en la mayoría de los casos. Se conocen bien los diálogos ensayados, los qué tal amistosos con sonrisa de boca y no de cejas. Esas pantomimas estándar que solemos aplicar nosotros por igual, seamosnos sinceros.
Si el árbol no se cae es buena señal y se puede llevar una charla con esa persona acostumbrada a un trato determinado. Por ejemplo, si yo abordo a una mujer y le digo algo como "Sos igual a mi Tía Carlota" estaría soplando, o bien el búnker, o bien la casa de naipes. Siguiendo la situación hipotética, si responde: "¿Ay, quién es tu Tía Carlota?" no será lo mismo que "¿La conozco?" o "Entonces sos un pibe acostumbrado a la belleza". Tres respuestas demuestran tres personalidades (y sólo para empezar). Lo mismo pasa con los autores. Lo único diferente, es que la frase de abordaje es "Hola, estoy leyendo tu libro/entrada/gacetilla/columna/articulo/prospecto/frase de baño. ¿Vale la pena?". Ahi entran estas frases.
"Había una vez en un tiempo muy lejano", "Los McBelsten no perdían el tiempo en la tecnología", "Si mi vieja hubiera sido promotora en vez de dirigente gremial, hoy estaría pidiendo un iPad", "Comenzó con un triste moco determinista". Todas frases que ya predefinen la obra. Ya te intuyen a meterte en un texto de la extensión necesaria y, si te ves obligado a dejar la lectura, aún vas a saber si te gusta lo que se viene. Yo si leo lo del moco, probablemente esté ansioso por terminarlo. Me gusta acabar rápido con todo lo que tenga que ver con mocos.
Éste es el espacio que le dedico a esos pocos caracteres de la primera frase. Ese darse coraje para plantarse a un profesor que está a favor de la volatilización del merengue, para entrar en una iglesia siendo el ateo más declarado de todo el santo mundo, Ese momento que diferencia a un cuentacuentos de aquel que balbucea tonterías. Esas tonterías que venden, obviamente.

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