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martes, 19 de junio de 2012
♪ No te cambio por na da ♪
Nunca entendí bien cuál es la importancia de un recuerdo. Hablo, puntualmente, de lo importante que es un recuerdo para la gente que convive con uno. Por un lado, puede ser la mejor comprensión de la persona en base a sus recuerdos. Por otro, los recuerdos de la juventud en un lugar determinado, unen a varias personas por elementos comunes. Por lo tanto, mientras más cantidad de personas hayan compartido esa experiencia, hayan vivido en el mismo pueblo/ciudad, más importante será el recuerdo para la sociedad.
Mi caso particular, y el de mis hermanos en los recuerdos, es que somos muy pocos. No porque sean pocos aquellos que vivieron en mi ciudad. Sino porque somos pocos los que hemos nacido allí, criados allí, y aún menos somos los que fuimos enseñados que esa tierra no es un lugar temporal. Esa situación tan particular, tan alejada, no une por algo que no se ve. Basta sentarse a la mesa, y empezar a recordar de detalles, hablar de personajes o de murales o monumentos distintivos, para morirse de risa, para encontrarse. Aquí, en ciudades ajenas, encontrarse como huérfanos prósperos de la misma madre.
Lo colores que me trajo vivir lejos de mi casa, la nueva vida de la universidad, el movimiento y lo cosmopolita, reemplazó la forma que tenía de vivir y de compartir en sociedad. Los detalles son escurridizos y parece ser tan sencillo como "Me fui de un lugar feo, a un lugar lindo" o, a los que tenemos buenos recuerdos "Me fui de un lugar con pocas posibilidades, a la cuna de ellas".
Me acuerdo tener siete años, y salir al descampado de Total Gas, en la punta de la ciudad frente al barrio industrial. En la tierra seca buscar por todos lados los tapones de las garrafas de GNC. Ver estructuras de caños ocres muy finos, y doblados muy extraños. Me acuerdo los barriles azules para juntar el agua de lluvia. El patio de la casa de mi amigo Waldo, en el inhóspito barrio industrial, con una franja de pasto al costado, irregular, donde jugábamos al futbol entre nosotros y su perro Arnold. El patio de atrás, una suerte de entrada de fábrica, gigante y lleno de tarimas de madera. Un chasis de auto tirado a su suerte, medio vacío, donde nos metíamos y nos colgábamos. la laguna que se formaba en invierno donde podíamos patinar con las zapatillas. Caidas en el agua helada, resbalones. El viento aullante que nos hace gritar. Entrar a la casa con el pelo y las ideas revueltas. Respirar agitados por el cambio de clima a ese calor nefasto de gas que tanto hemos aspirado. La madre de turno llamándonos para tomar la leche. Las narices coloradas y los lentes que se empañan del vapor de la leche.
¿Cómo explico lo que se siente desabrigarse luego de llegar a la madrugada del dos de abril a la casa? Sentir el calor y el aire quieto y sentirse desorientado. Tantas ideas que le quedan dando vueltas en la cabeza. La verdadera vigilia para los chicos, que tiene un vínculo oculto con la historia y es más bien un momento para encontrarse con todos. Ir en barra y buscar a tus amigos y cruzarte a la chica que te gusta o a tu compañero de primaria que no viste más, todos envueltos en camperas gruesas, con gorros de lana y bufandas. Algunos con mocos y las mejillas a medio enrojecer. Cómo les explicamos lo que es ver con real cariño a los ex combatientes, o a los soldados que reparten chocolatada, y no verlos como a los milicos. No tener ese odio histórico, sino más bien un trato de hermano mayor hermano menor, donde la historia lo único que hizo fue tenderlos víctimas. Juntarse en barra e ir a buscar chocolatada con vergüenza, porque se está repitiendo. El amigo desubicado que pregunta donde están repartiendo, que no se los ve, cuando hace años que la chocolatada se dá junto al cañón. Un cañón verde que todos vemos con excitación, como si en algún momento hubiera habido alguien que lo disparaba al mar. Porque en lo que sabemos de la guerra cuando somos niños, no hay enemigos personas. Son simplemente un objeto necesario para que haya armas, el resto es opcional.
¿A quién le sirve, por ejemplo, que le explique nuestra adolescencia? Saber que todos jugaron videojuegos por mucho tiempo, o que saben mucho de dibujos animados y que no lo dicen por aparentar. Saber que todos los chicos que tuvieron un acceso a internet dial up, jugaron al pokemon y bajaron emuladores de consolas, que eran carísimas y escasas. Haberlos cruzado en el Yes, un local donde pagabas por tiempo y jugabas con consolas metidas en cajas de carton como si fueran fichines. La época tan abandonada de los cibers, donde (algunos abiertamente y otros en silencio) se reunían los chicos de siempre y se perdían frente a los monitores, con auriculares si había suerte, y comenzaban a jugar entre sí. Lejos de poder hacer actividades al aire libre, y aún mucho más lejos de pertenecer a esos grandes clubes que tienen piletas y actividades de todo tipo, los chicos nos agrupábamos en distintos locales llevados adelante por muchachos o muchachas jóvenes, una suerte de hermanos mayores, que hasta algunos casos jugaban con nosotros. Me costaría describir lo que era salir del colegio, pasado el mediodía, e ir a Hackers, el ciber que ibamos nosotros, y entrar a jugar al counter con muchachos que no veíamos en otro lado más que allí. Los pesados que no están jugando pero van a ver como juegan otros, que te hablan, te dan consejos, te piden jugar una. Los que saben siempre como crearse las cuentas en los juegos o las reglas de los juegos más complejos. Los que putean con fuerza innecesaria, escandalizando la situación. Los burlones y los preguntones. Todos nos encontrábamos en horarios dispersos para jugar juegos dispersos. Y no hablo de situaciones aisladas: hablo de horas de ser más de 6 o 7 chicos jugando por dos pesos la hora, llenándonos de orgullo por nuestras habilidades o reirnos de las anomalías de juegos que se suponen son repetitivos.
Algo me da miedo al contar eso. Para el lugar donde vivo ahora, esto no es común. Quizás el sol, las plazas arboladas, lo fácil que es andar en bicicleta, o el acceso a lugares recreativos como clubes o escuelas con actividades y viajes, hayan forjado para ellos una infancia muy distinta. Donde yo nací, lo que yo les cuento es lo que hacíamos entonces, y eramos muchos y por doquier.
La televisión y la computadora fueron grandes primeros pasos de nuestras actividades. Quién tenía un padre lo suficientemente permisivo para regalarle una consola a sus hijos (hecho que mi padre hizo y se arrepintió reiteradas veces) convertía a la casa de un punto clave. La casa que tenía una consola (esto aún sucede) o una computadora fuerte, era un punto de reunión, si las autoridades hogareñas eran benevolentes a la actividad. Nos hemos juntado muchas veces a jugar al Pokemon. Guardo muchísimos recuerdos de estar en la casa de mi amigo Germán, al fondo de un pasillo, en la habitación más fría y menos confortable, donde estaba su computadora. La bautizamos Pascalina, porque era viejísima, de las que tenían Windows 98'. Él siempre tuvo notas muy respetables, por lo que tenía pleno control sobre Pascalina. En ella estaba la vanguardia de los juegos. Él siempre estaba probando juegos nuevos, encontrando joyas de años pasados, y emocionandonos a todos para que lo juguemos. Allí encontramos el Goal, un juego japonés de fútbol de los primeros años, que tenía la característica de poder jugarse de hasta cuatro en el mismo teclado. Nos recuerdo muy bien a los cuatro ensimismados, con los dedos adoloridos y enredados, jugando partidos y matándonos de risa de las caras de los japoneses y de las jugadas osadas. Del arquero llevándose por delante a los defensores y anotando gol. De los errores como lo fácil que era el gol de mitad de cancha. Mucho tiempo y muchas anécdotas quedaron ahí. Nosotros hoy lo tenemos como un buen recuerdo, pero nunca lo evaluamos como uno de esos hechos culturales. Hoy comento esto en sobremesas y recibo miradas de lo más extrañas. La gente, a veces, quiere creer que simplemente fuimos raros. Es muy difícil entender el mundo aquí, si el mundo allá es tan diferente.
Los recuerdos unos años más adelante ya son mucho más complejos. La incursión de muchos en la música o en el dibujo, los intereses ya más distinguidos, estudiar inglés en los institutos (este hecho es de una extrema relevancia para la socialización de Rio Grande: si no lo conocés de la escuela, lo conocés de inglés. Sino de alguna otra actividad que hagas), los deportes, las competencias interdisciplinarias con viajes nacionales. Los murales, los eventos de arte como Maraño, conocer a las personas que adornan las paredes cenicientas. Lo ridículo e inconexo de los monumentos. Los auténticamente bizarro de los símbolos que recorren la ciudad: El monumento a los pastores de ovejas a menos de un kilómetro de un monumento a Cabezas. Las estatuas perdidas de Shelk'nams como heladeras, la plaza de los animales tan enigmática: una cuadra de baldío parejo, con dos diagonales que la cruzan, una glorieta en el centro, y animales aleatorios dispersos. Ni siquiera animales autóctonos o de una misma zona: podías ver una jirafa junto a un león, al lado de un perro al lado de un rinoceronte. Todos ellos de dimensiones muy similares y con sus respectivas caras de nada, viendo como la juventud se agolpa en el primer espacio que parece destinado para ellos.
Y esta serie de memorias que nos son útiles a pocos puede seguir. Puedo hablar ya más de la cultura, puedo referirme al grupo numeroso de los metaleros, que es el que tuvo más contacto conmigo. Puedo hablar de los artistas, o simplemente de "los viciosos", o quienes preferíamos meter una tarde en la PC antes que salir a patear las calles de la city. Pero es un tema en extremo largo. Quizás algún día, cuando una juntada de pizza me reviva nuevamente lo que tengo oculto sobre la ciudad que me vió nacer, continúe rescatandola.
Porque alguien que se va a otro sitio realmente se olvida de Rio Grande. Deja de pensar en él, y deja sus reglas suspendidas hasta alguna vacación que lo lleve otra vez. Pero si hay algo que reconozco es que ese recuerdo no solo está latente, sino que es altamente explosivo:
Basta decir "La Nueva Piamontesa", "Don Pepe", "Las Vegas", "Lusso" o cualquier otro nombre de viejos negocios, para que una catarata de recuerdos nos hagan desconcertarnos como si justo ayer nos hayamos bajado del automóvil atestado de valijas.

miércoles, 8 de febrero de 2012
OrsaiBar
En algún comentario, en alguno de los lugares para comentar (la fugacidad de la internés es así, vió) dije solemne que haría una crítica del Orsai Bar, como haría el personaje crítico de restaurants de Ratatouille, Mr. Ego. Aqui les va:
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lunes, 23 de enero de 2012
Durante varios segundos
Se le empañan los lentes cada vez que lo hace. La taza golpea la mesa, y la lapicera sus lentes. Un golpeteo plástico y repetitivo. Tac, tac, tac, tac. Pensá, pensá, pensá, pensá.
La hoja en blanco la saluda inocente, como preguntándole qué va a escribir. A ella le da vergüenza responder un tonto "no sé". La mira con cariño: es que ella y el silencio se conocen hace mucho. Ella y el blanco. Ella y el espacio.
Roza con un dedo el granulado del papel. Ahi está, es real. "Ella es real", piensa el papel. Hace mucho no se ven, pero sienten que nunca se separaron.
El olor a uva artificial se escapa del sobrecito junto a la lámpara. Extiende sus manos, que el envoltorio ve como tentáculos enormes color café. Los dedos preceden al ruido áspero pero placentero. Saca un chicle. lo desenvuelve de nuevo, y lo lanza al aire. Lo espera en caída y lo atrapa con la boca. Satisfacción.
Mira su hogar. Las hojas, las tazas vacías, el olor potente a café y a sahumerio, las lámparas, las persianas cortando la luz. El desorden, el marco de sus lentes negros, sus manos ásperas pero agradables, la cama, la computadora sobre la mesa de junto. La lapicera y el silencio.
Todo eso ve ella, y se siente acompañada.
Todo eso que ve está vivo,
Todos te sonreimos.

jueves, 19 de enero de 2012
Salen Very Bads
Así llamaba mi amigo Fede a ese tipo de películas. Esas películas horrendas, de bajísimo presupuesto, con más coraje que habilidad detrás de cámara, y más caradurez que cualidades histriónicas en los actores.
Nos juntábamos a ver Very Bads.
Ya hace un año que me fui de Mendoza y allá quedaron los cinéfilos. Ese cine horrendo, que elegíamos por el peor nombre y por el cual probábamos nuestra valía: el desafío era verla entera, sin perecer en el intento.
El arma que blandía el director podía variar: podían ser incesantes tripas y sangre de utilería, mujeres con poca ropa, muchas armas, hacernos creer que en un primer momento la película es buena, un presupuesto tal en que los sonidos de balas están hechos por voces, una imaginación tan retorcida que da alucinaciones o, simplemente, una trama insoportable.
Eso veíamos en grupo. Eramos siempre al rededor de cuatro ñatos mirando Festín Diabólico, o Lake Placid 3 y cagándonos de risa. Quizá no todo el mundo pueda deducir metódicamente el contenido de la película o el origen de la comicidad. Pero nosotros, en ritual, lo hacíamos con algo de frecuencia.
Viví sólo un año en Mendoza. Por lo tanto, la costumbre que los chicos llevaban de hacía años había dejado cientos de anécdotas.
Películas que daban dolor de cabeza (como el famoso Polybius), películas que ponían de mal humor al televidente desprevenido. A veces hasta encontrábamos una en la televisión y era todo un suceso. Era cine oculto, cine único y escandaloso. Era algo entre nosotros, y la película.
Hoy le envié una excelente escena de una Very Bad a un gran escritor que admiro y con quien charlo por twitter, Rodrigo. Tuvo una reacción idéntica a la mía cuando la recibí de los albores de la internet desordenada. No ví su reacción, pero presentí sus ojos enormes, sus carcajadas, y la incredulidad frente a la voz de un gallego que dice "No os encariñeis mucho con el chaval".
Esa reacción reavivó mi 2010. Vinieron a mi todas esas noches agolpados frente a mi computadora, buscando en el Fanático las peores películas que encontremos, bajarles el volumen y cambiarles la trama. O por el contrario, descubrir una obra de arte oculta donde el director es nuestro cómplice.
Ahi estuve un rato, con Fede, T-bone, Guido, Seba. Gritando como un imbécil cuando oímos "Machete don't text" con la cara de Dany Trejo. Y los extraño.
Espero que alguno de ustedes descubra una nueva pasión. Que vean una Very Bad en algún canal de televisión, como El Día de los Tríffidos, y se queden mirando:
Que sepan que eso, en uno de mis tantos hogares, era sinónimo de fiesta.
Nos juntábamos a ver Very Bads.
Ya hace un año que me fui de Mendoza y allá quedaron los cinéfilos. Ese cine horrendo, que elegíamos por el peor nombre y por el cual probábamos nuestra valía: el desafío era verla entera, sin perecer en el intento.
El arma que blandía el director podía variar: podían ser incesantes tripas y sangre de utilería, mujeres con poca ropa, muchas armas, hacernos creer que en un primer momento la película es buena, un presupuesto tal en que los sonidos de balas están hechos por voces, una imaginación tan retorcida que da alucinaciones o, simplemente, una trama insoportable.
Eso veíamos en grupo. Eramos siempre al rededor de cuatro ñatos mirando Festín Diabólico, o Lake Placid 3 y cagándonos de risa. Quizá no todo el mundo pueda deducir metódicamente el contenido de la película o el origen de la comicidad. Pero nosotros, en ritual, lo hacíamos con algo de frecuencia.
Viví sólo un año en Mendoza. Por lo tanto, la costumbre que los chicos llevaban de hacía años había dejado cientos de anécdotas.
Películas que daban dolor de cabeza (como el famoso Polybius), películas que ponían de mal humor al televidente desprevenido. A veces hasta encontrábamos una en la televisión y era todo un suceso. Era cine oculto, cine único y escandaloso. Era algo entre nosotros, y la película.
Hoy le envié una excelente escena de una Very Bad a un gran escritor que admiro y con quien charlo por twitter, Rodrigo. Tuvo una reacción idéntica a la mía cuando la recibí de los albores de la internet desordenada. No ví su reacción, pero presentí sus ojos enormes, sus carcajadas, y la incredulidad frente a la voz de un gallego que dice "No os encariñeis mucho con el chaval".
Esa reacción reavivó mi 2010. Vinieron a mi todas esas noches agolpados frente a mi computadora, buscando en el Fanático las peores películas que encontremos, bajarles el volumen y cambiarles la trama. O por el contrario, descubrir una obra de arte oculta donde el director es nuestro cómplice.
Ahi estuve un rato, con Fede, T-bone, Guido, Seba. Gritando como un imbécil cuando oímos "Machete don't text" con la cara de Dany Trejo. Y los extraño.
Espero que alguno de ustedes descubra una nueva pasión. Que vean una Very Bad en algún canal de televisión, como El Día de los Tríffidos, y se queden mirando:
Que sepan que eso, en uno de mis tantos hogares, era sinónimo de fiesta.

jueves, 5 de enero de 2012
Postal de Cumpleaños
Lector ajeno: La entrada de blog que aquí abajo aparece es lo que yo regalo en ocasiones particulares. Estará repleto de referencias familiares, (incipientes puteríos y futuras quejas a mi persona) y de cursilerías casi innecesarias. Por lo tanto, ante el presente escrito, queda usted avisado y salvaguardado de su exclusividad. Sin otro particular, me despido atte: El Brunito.
Algunas familias forman paisajes. No serán grandes cascadas, ni centenares de robles, pero sí son sonrisas pícaras, vasos huérfanos y muchas miradas.
Uno de esos parajes, sino el mejor, son los cumpleaños. Siempre más de diez personas, en mi familia, reunidas en un habitáculo, comiendo y de tertulia. Un miércoles cumplió una de mis tías, Lidu.
Durante el 2011, en mis estudios, me dieron la oportunidad de describir un evento social conocido: elegí un cumpleaños de nueve. Ahora no me dan oportunidad, sino que cariñosamente voy a describir uno de ocho: pueden ser 58, 68, 78... o bien 18.
Hay que blanquear un poco el panorama. A mi tía Lidu no he tenido la oportunidad de verla muchas veces, ni de charlar con ella más de los conocidos como te va en la facultad, cuando te volvés y si te gusta la torta. Sin embargo, ella como yo compartimos algo puntual e inesquivable: la vida nos llevo a los Donatti. Una familia colorida y bochinchera (palabras que sólo recurren a mí cuando hablo de ellos), con mil historias , con cambios, con mudanzas y las historias de miseria más fuertes que supe oír. Ellos nos rodean, a Lidu y a mí, mientras cantamos el feliz cumpleaños, de cara a una mil hojas.
Hay chicos, de ojitos chinos y de faroles sin luz, unos son saltarines y otros tranquilos. Hay muchachos que participan hablando o estando (o comiendo), que se ríen y que miran, que se dejan sacar fotos o que las odian. Y hay madres, hay tías, todas a la mesa, mirándonos y sonriendo. Pensando quizás cuánto pasó el tiempo, cuánto nos ha crecido el pelo, y que astucia (o boludismo) nos ataca. Intentando de rellenar el espacio entre el piojo con pañales y quién ahora le ofrece gaseosa.
Hablamos de la familia, de quién no llama a quién hace no sé cuánto, de quién apareció dónde, de lo que está estudiando tal, y de lo que trabaja cual. De hábitos nuevos o abandonados. Hablamos de tiempos que pasaron. Alguien dice algo de los brownies. Una ofrece café y otra te pasa el azúcar. Manos que van y vienen, risas estruendosas y Lidu mirando todo con gracia. Participamos, gritamos y nos reimos de las bromas.
Mi madre, oportuna y en público, me propone escribir una crónica del cumpleaños. Todos escuchan y preguntan. Yo explico que escribo, que mi blog es nuevo, y cosas no muy importantes. la Tía C se queja, otras me animan, otros se preguntan entre ellos que si escribo y se cuentan. Yo los miro, sonrío y ya termino de armar la idea.
Pasan las tortas, los sanguches de miga, pasa la gaseosa y la velita. Una primita atacándome de cosquillas y contagiando su risa pegajosa. Otra (a quién recién conozco) con sus gestos y comentarios sorprendentes. Más primos jugando lejos de la mesa, matándose de risa, pegándose pelotazos. Ahi estamos, en ese huracán de fiesta, hablando fuerte de cosas de todas las importancias, pero aún haciendo algo que no podemos evitar:
Siendo una familia.
Feliz cumpleaños, tía.
Algunas familias forman paisajes. No serán grandes cascadas, ni centenares de robles, pero sí son sonrisas pícaras, vasos huérfanos y muchas miradas.
Uno de esos parajes, sino el mejor, son los cumpleaños. Siempre más de diez personas, en mi familia, reunidas en un habitáculo, comiendo y de tertulia. Un miércoles cumplió una de mis tías, Lidu.
Durante el 2011, en mis estudios, me dieron la oportunidad de describir un evento social conocido: elegí un cumpleaños de nueve. Ahora no me dan oportunidad, sino que cariñosamente voy a describir uno de ocho: pueden ser 58, 68, 78... o bien 18.
Hay que blanquear un poco el panorama. A mi tía Lidu no he tenido la oportunidad de verla muchas veces, ni de charlar con ella más de los conocidos como te va en la facultad, cuando te volvés y si te gusta la torta. Sin embargo, ella como yo compartimos algo puntual e inesquivable: la vida nos llevo a los Donatti. Una familia colorida y bochinchera (palabras que sólo recurren a mí cuando hablo de ellos), con mil historias , con cambios, con mudanzas y las historias de miseria más fuertes que supe oír. Ellos nos rodean, a Lidu y a mí, mientras cantamos el feliz cumpleaños, de cara a una mil hojas.
Hay chicos, de ojitos chinos y de faroles sin luz, unos son saltarines y otros tranquilos. Hay muchachos que participan hablando o estando (o comiendo), que se ríen y que miran, que se dejan sacar fotos o que las odian. Y hay madres, hay tías, todas a la mesa, mirándonos y sonriendo. Pensando quizás cuánto pasó el tiempo, cuánto nos ha crecido el pelo, y que astucia (o boludismo) nos ataca. Intentando de rellenar el espacio entre el piojo con pañales y quién ahora le ofrece gaseosa.
Hablamos de la familia, de quién no llama a quién hace no sé cuánto, de quién apareció dónde, de lo que está estudiando tal, y de lo que trabaja cual. De hábitos nuevos o abandonados. Hablamos de tiempos que pasaron. Alguien dice algo de los brownies. Una ofrece café y otra te pasa el azúcar. Manos que van y vienen, risas estruendosas y Lidu mirando todo con gracia. Participamos, gritamos y nos reimos de las bromas.
Mi madre, oportuna y en público, me propone escribir una crónica del cumpleaños. Todos escuchan y preguntan. Yo explico que escribo, que mi blog es nuevo, y cosas no muy importantes. la Tía C se queja, otras me animan, otros se preguntan entre ellos que si escribo y se cuentan. Yo los miro, sonrío y ya termino de armar la idea.
Pasan las tortas, los sanguches de miga, pasa la gaseosa y la velita. Una primita atacándome de cosquillas y contagiando su risa pegajosa. Otra (a quién recién conozco) con sus gestos y comentarios sorprendentes. Más primos jugando lejos de la mesa, matándose de risa, pegándose pelotazos. Ahi estamos, en ese huracán de fiesta, hablando fuerte de cosas de todas las importancias, pero aún haciendo algo que no podemos evitar:
Siendo una familia.
Feliz cumpleaños, tía.

sábado, 24 de diciembre de 2011
Navidad.
Es navidad. La navidad es un símbolo, es decimos mientras comemos un lechoncito: "es un símbolo, una excusa para reunirnos". Yo soy el menor y tengo veinte años, por lo que las coartadas de un panzón que no paga impuestos ni aporta a la AFIP no son necesarias.
No lo decimos con un profundo sentimiento de creencia. Es verdad, estamos comiendo bien vestido donde comemos siempre. Es como el cumpleaños de todos, es como un año nuevo menos importante, algo así como un "guarda que vengo" del 2012, en este caso.
Tengo planes. Me conecto un segundo a saludar a todos, porque es una fecha donde todos ablandan y se tratan bien entre sí. O por lo menos se esfuerzan por intentarlo. La Navidad es un momento en que me siento más en comunión con la sociedad. Creo que no hay que pensar en el pasado y revalorar a las personas una vez al año, sino todo el tiempo. Justo hoy, lo hacemos todos a la vez. Es como un fantástico "prende y apaga".
A Fran se le desocupa la casa (es decir, el único que queda ocupándola es él) y hace una invitación universal. Voy a ir, voy a encontrarme con mucha gente que me va a decir lo largo que tengo el pelo, lo flaco que estoy solo por decir algo, aquellos que me preguntan como me va en el año, si cambiarme de carrera me sirvió, como estoy con las chicas, si de verdad estoy de novio, que de donde es, que si estudia lo mismo que yo, que como la conoci. Escuchar sus historias, reirme. Amarlos a todos. Paralelamente, todos van a estar presumiendo lo bien que se sienten de poder descontrolarse por fin en todo el año. Lo divertido que va a ser, anécdotas de borrachos, chistes que ya no me causan gracias, chistes que aún lo hacen, humor negro, preguntas estúpidas, música que no soporto, música que amo, charlas interesantes, recuerdos.
Los que se vayan a bailar a las tres de la madrugada desalojan la casa. Como no me expresé contra todos cuando alardeaban lo drogados o borrachos que querían estar y lo felices que los hace liberarse de cadenas de las cuales tienen llave, me van a invitar. Que dale, que vamos todos juntos, que no nos vamos a ver hasta dentro de mucho tiempo, que me voy a matar de risa, que somos todos amigos, que el boliche se re pone, que me pagan los tragos si voy. Me voy a negar y me van a burlar con amor: "Te hacés el difícil".
Creo que en este punto realmente soy difícil. Yo quiero estar despatarrado. Liberar mi mente y sonreír en paz. Entender que la gente que está conmigo está ahi porque valen. Abrazar gente que no espera abrazos. Servirles gaseosa. Cantarles alguna canción con la guitarra, bailar con ellos. Decirles algún cumplido disfrazado, para confundirlos.
Antes que sumirme en un gentío que ostenta su ropa, su forma de bailar descolocados, su conocimiento de la canción de turno, su ingenio para el levante al ras, su desempeño frente a un vaso con líquido colorido, su aversión a lo que yo llamo diversión:
Antes que todo eso, prefiero ser feliz...
Y cantar Oxysakre:
(No apto para gente que se alborota con la palabra "concha" sea cual sea su acepción)

lunes, 12 de diciembre de 2011
Nuevas de Orsai
Sorprenden noticias del blog amigo (inspirador también) Orsai, en la que dicen que hay una nueva forma de distribución. Orsai es un proyecto editorial de la gran puta. Es un resumen de toda la ideología que está surgiendo sobre el derecho intelectual. Es una idea codiciosa que no deja de darme vueltas en la cabeza. Es el cambio de la escritura. Es algo genial. Sexy, me sopla mi amigo Renzo.
Estoy buscando 10 suscriptores de Orsai en La Plata. El tema es que en la nueva página de Orsai, anunciaron que hay un gran proyecto nuevo. Y para poner en marcha esta idea de volverla algo así como un producto cultural poderoso, son necesarias suscripciones anuales. Yo estoy buscando ser distribuidor, por lo que necesito asegurar la venta de 9 de las revistas que voy a comprar obligadamente. Ahi es donde ustedes pueden sumarse a esta nueva rosca literata. A este nuevo movimiento donde no nos va a arruinar el dinero, donde nosotros somos los protagonistas de aquello que leemos y consumimos para amortiguar un poco eso inevitable, que es el fin.
Esto lo resume bastante bien: Hernán Casciari en la TEDx de Rio de la Plata.
Estoy buscando 10 suscriptores de Orsai en La Plata. El tema es que en la nueva página de Orsai, anunciaron que hay un gran proyecto nuevo. Y para poner en marcha esta idea de volverla algo así como un producto cultural poderoso, son necesarias suscripciones anuales. Yo estoy buscando ser distribuidor, por lo que necesito asegurar la venta de 9 de las revistas que voy a comprar obligadamente. Ahi es donde ustedes pueden sumarse a esta nueva rosca literata. A este nuevo movimiento donde no nos va a arruinar el dinero, donde nosotros somos los protagonistas de aquello que leemos y consumimos para amortiguar un poco eso inevitable, que es el fin.

martes, 6 de diciembre de 2011
La Tarea de Des-Ocuparse
Las cosas no se terminan, hasta que se terminan. Una fila del banco no se acaba hasta que se llega a ventanilla o se deserta. Un plato de ravioles no se finaliza hasta que se dejan los cubiertos o cuando no hay más que senderos de tuco en el plato. Un año no concluye hasta las 00:00 del 1 de Enero del año siguiente.
Se me ha enseñado a no utilizar argumentos que refuten mis propias teorías: No se me ocurrió mejor idea que usarlos siempre. No entiendo por qué escondería aquello que acerca al lector (a quién escribe también) a una realidad más palpable. A entender y tomar el punto de vista, con errores incluidos. Entendiendo que lo que digo es sensible a un flaqueo por algún lado, no hay mejor solución que blanquearlo. Acá la aclaración de hoy:
Partiendo de la base de que el tiempo es un invento de simple orden y que su estructura no es más que una creación artificial de la mano de nuestros ancestros de calzas y pelucas raras, vamos a hablar de "un año" como la construcción sobre sí. Cabe aclarar que el autor de este texto perteneció toda su vida a una especie de clase media (las clases son un invento, como el tiempo o las zapatillas con abrojo), por lo tanto, el ambiente que recorre la entrada responderá seguramente a quienes lo acompañan en suerte. No hablamos de un año como orden, sino como símbolo. Por lo tanto, todas las afirmaciones que haga en esta entrada de blog, están atadas a esa variable: todos pueden entender los símbolos como quieran, o como lo han hecho siempre.
El desafío es verlo diferente.
El día de hoy, ya en unas 4:48 am desveladas, es 7 de Diciembre. No sé si es la redondez de la "D", o si son los mil negocios con presiones navideñas, pero todo el mundo da por concluido el año 2011. Falta casi un doceavo de año para que finalice. Es como sentirse en Marzo el 3 de Febrero.
Todo habla de un momento que todavía no existe.
Siempre omitiendo las cuestiones en que la navidad y el año nuevo están forrados con nieve, aunque en Capital Federal marquen 27º celcius; que usamos suéteres con renos y que si no tenemos chimenea vamos a ser personas tristes, voy a ahondar un poco en esta temática:
Pre-ocuparse es insalubre.
Si, con guión. Es para que se entienda mejor el cómo se toma la palabra. Etimológicamente (es decir, dividiendo la palabra en partes) Pre Ocuparse significa ocuparse de algo antes de ese algo.
Es como, por ejemplo, usar corrector en la hoja antes de equivocarse. Es utilizar fuerza psicológica, y hasta física, en un evento que no ocurrió aún. Un evento que no más del %50 de las veces sucede. El otro %50 es de los que normalmente sonreímos y agradecemos que no pasó. Obviamente, con horas de ocupación previa.
Es darle importancia a un hecho siquiera antes que se pueda hacer algo. Si se pudiera modificar la situación, si uno tiene cosas que hacer para esperar esa situación, entonces no sería "Pre". Sería "ocuparse" de eso. Así nomás te digo.
Pasa justo en esta época del año: los balances, los recuerdos, las cursilerías. El número #2011 como un casillero más donde guardar una parte de tu vida, para encontrarlo mejor cuando alguien desconocido te saluda en la calle y te pregunta si te acordás de él, o ella. Es el momento para volver al hogar, si se está lejos. O de revalorarlo, si se está cerca. Es el momento donde las cuestiones como innovar, crecer, contagiar ideas, u otras, se paralizan.
Las fiestas son el momento del desenchufe mundial.
Que no se me entienda mal: me agradan las fiestas y sus pormenores. Volver al hogar, reencontrarse con familiares perdidos en algún lado. Comer como primates y atinarle a convenciones sociales. Admito que, éstas últimas, menos sinceras de lo que son mis letras acá.
Sin embargo, el ambiente se tensa cuando entro en él: No tengo árbol de Navidad, no miro los especiales navideños de ningún canal de dibujos animados, no tengo que resguardar ninguna coartada para niños, no tengo que escribir una carta. Sinceramente, ni siquiera me merezco un regalo, ya que las cosas que he pedido están hoy sobre mi mesa.
No necesito la Navidad como me la enseñaron, como la ví en Cartoon Network. ¿Está mal?
La preocupación, aún así, son sólo algunas preguntas: ¿Pasamos la mayor cantidad de tiempo ocupandonos de cosas que todavía no existen? Los hechos empiezan y terminan a veces muy rápido: nosotros los tenemos en la cabeza durante semanas... ¿Será que también nos podemos postocupar de algo?. Si bien es insalubre, ¿Estará mal ocuparse de algo antes que no exista? ¿Se disfruta de la vida al máximo cuando se está sufriendo por un futuro? ¿Tiene realmente el ser humano la necesidad de depositar sus dudas existenciales en cuestiones impalpables e inexistentes como el futuro, o el cerro Uritorco? En caso que la tenga ¿Existen formas de canalizarlo para ser útiles a un fin más solidario?.
Una paloma me acaba de asustar, 05:26 a.m., parada en el tendedero de mi balcón. La ventana estaba abierta. El reflejo fue correr a cerrarla.

martes, 29 de noviembre de 2011
Al ritmo del sol.
Existe una costumbre poderosa en mi casa y sé que en varias más también.
Levantarse con música.
Sea para despabilarse, para energizar, o simplemente de desayuno. Pero es muy fuerte, pudiendo marcar la realidad del día. Es una costumbre que tiene mi padre los domingos a las últimas horas de la mañana (10 a.m.)
Seguramente puede verse como una costumbre extremadamente molesta, más si la noche anterior aseguraba más de 20 horas de sueño. Sin embargo es algo precioso. Benny Goodman puede alegrarle el día a cualquiera.
Hoy, por otra parte, quiero compartir un tema quizá lo suficiente atacado por la televisión o las discográficas. Hoy les pido que desaten un poco ese "lo escuché" y lo desarmen de a poco. Le escuchen la letra, lo degusten y les levante la temperatura sanguínea.
Mucho mejor si se oye luego de soñar:
P.D: Les recomiendo, para hacer una experiencia mucho más intensa, descarguen los CDs en FLAC (Free Loseless Audio Codec) que es un formato mucho más pesado y de una calidad que es la que puede dar escalofríos con facilidad. Acá les dejo un post de nuestra amada Taringa! para descargar la discografía remasterizada de este año:
Alguien para Amar - Queen
Levantarse con música.
Sea para despabilarse, para energizar, o simplemente de desayuno. Pero es muy fuerte, pudiendo marcar la realidad del día. Es una costumbre que tiene mi padre los domingos a las últimas horas de la mañana (10 a.m.)
Seguramente puede verse como una costumbre extremadamente molesta, más si la noche anterior aseguraba más de 20 horas de sueño. Sin embargo es algo precioso. Benny Goodman puede alegrarle el día a cualquiera.
Hoy, por otra parte, quiero compartir un tema quizá lo suficiente atacado por la televisión o las discográficas. Hoy les pido que desaten un poco ese "lo escuché" y lo desarmen de a poco. Le escuchen la letra, lo degusten y les levante la temperatura sanguínea.
Mucho mejor si se oye luego de soñar:
P.D: Les recomiendo, para hacer una experiencia mucho más intensa, descarguen los CDs en FLAC (Free Loseless Audio Codec) que es un formato mucho más pesado y de una calidad que es la que puede dar escalofríos con facilidad. Acá les dejo un post de nuestra amada Taringa! para descargar la discografía remasterizada de este año:
Alguien para Amar - Queen

miércoles, 23 de noviembre de 2011
"Guarda que se pega"
El desafío "Guarda que se Pega" es sencillo. Escuchá la siguiente canción 4 veces enteras, una tras la otra. Después, intentá pensar en algo diferente por más de una hora. Si esta canción no recurre a tu cerebro por lo menos 30 veces, entonces estás muy por encima del autor del desafío.
El video es conocido como "Trololo Song". Tu espíritu competitivo va a ser tu perdición.

jueves, 17 de noviembre de 2011
"Sentir que 20 años no es nada."
Si algo nos puede transportar a una época que no se termina de ir, es el canto de falsetes profundos. El tango en un tiempo brusco como es el dos por cuatro. La nostalgia, lo blanco y negro y mensajes que hasta el día de hoy los vemos pasar. Música que no deja de volver, con la frente marchita.
Gardel - Volver.

sábado, 12 de noviembre de 2011
Lo que deja la charla.
Sólida charla entre el Algodón y el Café donde sólo hay una conclusión clara:
La única persona que tiene más razón que uno, es el que ya ha logrado lo que se propuso.

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